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Archive for 23 julio 2010

Shabbat en Jerusalén

Lo siguiente no es un artículo, es un texto que escribí hace un año, de madrugada, luego de visitar durante un viernes por la noche, varios lugares de Jerusalén, tras 6 años o más de haberme despedido de esa ciudad donde viví igual lapso de tiempo.
Como expreso en la razón de ser de este blog, no todo lo que publico busca el análisis, sino también doy espacio para emociones, sentimientos, nostalgias, y todo lo que me pueda acercar a la literatura, a la cual tengo tan descuidada porque la vida profesional me requiere mucho en asuntos de actualidad, a veces importantes, a veces banales, y en la mayoría de las veces – por razones de tiempo, espacio y época – usualmente descontextualizados.
Hoy comparto lo escrito hace un año, y enviado por mail a algunos amigos, de esa noche de vivencias y nostalgia en Jerusalén.
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Shabbat en Jerusalén
Escribo un poco para mí un poco para amigos, un poco por la literatura.
Recién llego de un viernes por la noche en Jerusalem. Por que es shabbat, se puede circular por todas las vías que durante el resto de la semana son solo para transporte público y por shabbat, se puede estacionar en donde sea sin multas ni gruas. Me invitaron a cenar tres familias, y sin embargo preferí aprovechar una noche así para visitar algunos lugares de la ciudad con el ritmo tranquilo que solo esta noche otorga – una especie de domingo en otro país, con sus particularidades.
Fui a la ciudad antigua, la amurallada, y visite el Kotel, el muro de los lamentos y me abrí paso entre unos doscientos ortodoxos y unos pocos seculares como yo, para apoyarme un poco sobre sus rocas y reflexionar y entregarme unos minutos a sentir algo de paz interna. Luego camino sin dirección especial por el barrio judío de la ciudad antigua, vi a los religiosos, a los turistas, a unos pocos seculares como yo visitando y contemplando, etc.
Luego me fui al barrio armenio y me asome por sus bares con olor a narguila y llegue a la puerta de yafo, conduciendo a tres canadienses que se habían perdido y no sabían como llegar. Ahí, como en “viejos tiempos” de guía de la ciudad, conteste algunas de sus preguntas y otras, sobre lugares históricos y por que es tan difícil entregar ciertos lugares a los palestinos. Uno de ellos dijo que ciertamente los medios no muestran lo cerca que estamos unos con los otros, judíos y palestinos, y que le pareció que el asunto no es de religión ni nacionalismo, sino de seguridad. Me alegro que lo percibiera pero si le explique que si bien para los israelíes ese es el tema principal, lamentablemente si hay unos pocos fanáticos de lado y lado que con un ataque violento, cambian la agenda del dialogo.
De ahí regrese al monte Sion, donde estacioné y me fui en carro a Najlaot, un vecindario que se conserva como un boulevard algo estrecho y laberíntico, pero fundado a fines del siglo XIX, donde conviven religiosos y seculares, ahí es donde están abiertos la mayoría de los bares, restaurants, cafés y lugares no Kosher, y uno ve la diversidad, esa característica tan especial de Jerusalem de pasar en minutos de un mundillo de religiosos a uno de hippies y liberales, y viceversa, y de musulmanes a judíos y cristianos, que si fuera por titulares de prensa, pareciera que no supieran convivir. La ciudad fluye, o mejor dicho, su gente.
De ahí me fui a Emek Refaim, La Calle de los Fastasmas, en la Moshava HaGermanit, el vecindario alemán, fundado por germanos también a fines del siglo 19, y ahí también hay vida nocturna vibrante, y me detuve en un café por un rato, para luego pasear por carro por vecindarios algo mas alejados del centro hacia el oeste de la ciudad.
Jerusalem en shabbat es una experiencia y me gusto revivirla. No creo que todos la experimenten así: hace falta ser un poco Zelig, mimetizarse con diferentes “especies” de personas, mirarlas sin recelo, y disfrutar su variedad sin juzgarla. Además, ser judío por supuesto ayuda mucho a que tenga mucho sentido, y por supuesto, haber sido yerushalmi, habitante de Jerusalem, y conocer y sentirse familiar con la ciudad, ayuda aun más a que la experiencia sea agradable.
No quise ir acompañado, aunque me ofrecieron. Me decidí por ir a donde el instinto me condujera y de nuevo sentí la enorme diferencia entre la Jerusalem periodística y la vivencial, la de la cotidianidad que se respira. No logre emocionarme como antes con la parte religiosa, aunque me sentí a gusto viendo a muchos de ellos, porque para bien y mal, ellos son los monumentos andantes del pueblo judío. No estoy seguro de haber sentido la necesidad de que esto tiene que ser parte de mi cotidianeidad pero no me molestaría si tuviera tranquilidad profesional, económica y sentimental.
En fin, solo comparto lo agradable que fue esta noche, y de alguna manera, toda esta semana en Jerusalem, a pesar de momentos muy fastidiosos con la burocracia, con el tráfico (construyen un tranvía y eso tiene muchas calles cerradas y cambios de direcciones y letreros), a pesar del calor abrumador del día y de la falta de tiempo que uno siente estando aquí, en toda Israel, aunque a la vez, es sorprendente como están llenos los cafés y restaurants a todas horas.
Jerusalem ha cambiado algo, pero sigue siendo una ciudad de paisajes, de colores y de diversidades. Lo antiguo y lo moderno coexisten con cierta gracia y tensión como su gente. ¿Se puede vivir solo de eso? No. ¿Se puede “vivir y disfrutar eso” si hay condiciones de vida buena como las que tienen la mayoría de los que nacieron aquí? Si. No se vive solo de paisajes y de significados profundos, pero que agradable es cuando eso se puede unir a una seguridad personal (salud, sustento, etc), y que agradable es poder caminar por cualquier lado sin miedo, y que al perderse, se pierda también la sensación de trivialidad que normalmente nos embarga.
Recomiendo visitar, tener estas experiencias.
Shabbat Shalom
..He aqui un link con musica e imagenes de Jerusalem)

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Patria, Fútbol o Muerte

Artículo actualizado e inicialmente publicado en Julio del 2008….

Algunos, en la victoria deportiva, se enorgullecen de “vestir la camiseta de la selección” o en la derrota, de “dejar el pundonor en el terreno de juego”, mientras que a otros se les escapa una desafortunada frase luego de un más desafortunado partido, durante ese ritual que llamamos “ruedas de prensa”, y dicen cosas como: “…dejo el patriotismo para los que van a la guerra”.

Durante el Mundial Sudafrica 2010, durante un entrenamiento de la selección francesa, el futbolista Nicolas Anelka insultó procazmente al entrenador Raymond Domenech, y alguien lo delató, por lo cual, hecha pública esta noticia, no quedo más remedio que expulsarlo de la selección en pleno campeonato.  La exclusión de Anelka – quien seguramente le dijo a Domenech  lo que el resto de los jugadores y fans de la selección francesa anhelaban decirle a este displicente entrenador – hizo que el capitán del equipo, Patrice Evra, manifestara que “se debe eliminar” al “traidor” que filtró esa información a la prensa.

El futbol tiene leales y traidores, como todas las guerras, y éstas no son exclusivos asuntos de patriotismo pues siempre han existido mercenarios, soldados que la hacen por órdenes, e incluso, autómatas adoctrinados para matar y morir en nombre de dios, ideologías o por instinto de destrucción (lo que Freud denominó “pulsión de muerte”). Sin embargo, cuando se trata de campeonatos mundiales y regionales, negar el patriotismo es casi una herejía para quienes ponen en los pies de una selección, – porque en este caso no es en las manos, – la identidad nacional.

El fútbol tiene un poder casi sobrenatural sobre millones de personas y por eso ha sido opio para pueblos, utilizado por dictadores como Mussolini o Videla; fue última excusa  para guerras como la de Honduras y El Salvador en  1969; genera violencia y muertes en diversos grados y gradas, e incluso, puede convertirse en “la continuación de la guerra por otros medios” como en aquella revancha por las Malvinas que protagonizaron  Argentina e Inglaterra en el Mundial de México 86.

El entrenador de la selección de Perú, Chemo del Solar, tuvo razón “pero igual va preso” cuando minimizó el significado patriótico de una goleada que recibió su equipo contra Uruguay en la fase eliminatoria del Mundial Sudáfrica 2010. En cambio, el técnico holandés de Rusia, Guus Hiddink, sí comprendió    “filosóficamente” lo que es el fútbol para millones de personas, y por eso se adelantó a ironizar que quería “ser el traidor del año en Holanda “y con mayúsculas”, antes de que, efectivamente, su equipo derrotara a “La Naranja Mecánica” en cuartos de final de la Eurocopa 2008.

En el mismo campeonato, Lukas Podolski, jugador de Alemania, también fue sabio cuando al meter dos goles contra Polonia se preocupó en no mostrar alegría y luego del juego expresó que su corazón es del país en donde nació.  Aun así, el partido derechista polaco, La Liga de las Familias, exigió  revocar su nacionalidad, así como el político racista Le Penn, reclama desde hace años, que futbolistas de origen africano, árabe o caribeño no deberían jugar para el equipo de Francia. Estos ejemplos muestran el estado del chauvinismo e hipocresía en Europa, que ahora se traduce en draconianas leyes de inmigración, a menos que se trate de nacionalizar a futbolistas talentosos.

Así de serio se toma al fútbol: una religión de ateos, como lo definen algunos, o una ideología totalitaria, como la catalogan otros, y por eso, en nuestro balón tierra del sistema solar, conviene medir cada palabra, porque como diría el aprendiz de un viejo tirano caribeño, esto es asunto de Patria, Fútbol o Muerte.

 Un artículo sobre “jugadores traidores” se puede leer en:

http://www.elarsenal.net/2009/01/22/%C2%BFsabes-que-pasa-con-los-futbolistas-traidores-lee-sus-historias/

 También, una reflexión sobre los inmigrantes turcos en Alemania a propósito de la participación del futbolista de Mesut Özil, en la selección de ese país:

 http://www.elenganche.es/2010/06/ozil.html#more-13687

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