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Archive for 26 febrero 2011

KHADAFFI Y “UNA TEORÍA UNIVERSAL DE LOS DICTADORES”

En junio de 2006, para un página web publiqué “¡Deconstruyan a Khadafi!, y expuse algunas reflexiones que ahora, quizá sean propicias de evocar ante la grave situación en Libia:

 

“Erase una vez, no hace mucho, que el dictador de Libia, el general Muamar Khadafi intentó durante más de tres décadas posicionarse como sucesor del ex presidente egipcio Gamal Abdel Nasser como líder emblemático de la ideología pan-arabista para unir a los países del Medio Oriente y los de África en un bloque político-militar, y también aspiró a ser el sucesor de Tito y Nehru – presidentes de la ex Yugoslavia e India, respectivamente  – como adalid de los Países No Alineados, incluso después del desmembramiento de la Unión Soviética.”

 

“La reciente apertura de relaciones diplomáticas y comerciales entre Estados Unidos y Libia, luego de más de 20 años de ruptura total entre ambos países, luego de ganarse gradualmente la confianza de naciones europeas desde 2003, parece ser la prueba final de que el cambio pregonado por Khadafi en los últimos años va en serio y que el otrora precursor de Bin Laden como principal “exportador” de terrorismo internacional – y  paria de la llamada “comunidad internacional” – se ha conciliado con la idea de ser una voz moderada y un aliado de las grandes potencias, que – “cosas veredes Sancho” – ahora pide a insurgentes iraquíes liberar rehenes occidentales y recomienda a Irán someterse al control internacional en asuntos del desarrollo de su poder nuclear”

 

“Khadafi nació en el seno de una familia beduina y fue educado bajo una estricta formación islámica, pero luego ingresó a un colegio militar en donde adoptó también un concepto secular nacionalista que sería parte de la peculiar ideología que impuso gradualmente en su país, a partir de 1969, cuando junto a un grupo de compañeros derrocaron al Rey Idris e instauraron un Consejo Revolucionario que pronto dominó, convirtiéndose en el jefe indiscutido del gobierno”-

 

“Su famoso Libro Verde, publicado en 1973, esboza una doctrina esperpéntica que proclamaba a su país como socialista, democrático, nacionalista, pan-arabista, islámico y militarista – algo digno de los personajes de “1984” de Orwell con eslóganes como “la guerra es la paz” – que bien ilustra su estrafalario subtítulo: “La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo; La solución del problema económico: el socialismo, y el fundamento social de la Tercera Teoría Universal”. En 1977 también introduce el concepto de la Jamahiriya o “Estado de las Masas”.

El Khadafi de hoy nada tiene que ver con aquel que estableció uno de los regímenes más opresivos del mundo tratando de erigirse el líder alternativo de los países menos desarrollados por medio de la manipulación de la riqueza petrolera de su país como instrumento geopolítico, la intervención militar en conflictos africanos como el de Chad – bajo dominación francesa – y el apoyo a terroristas del IRA, ETA, la OLP contra objetivos israelíes en  Europa, y a otros extremistas entrenados por su propio ejército como los que ejecutaron el atentado que hizo estallar un avión de Pan Am sobre los cielos de la ciudad escocesa de Lockerbie en 1988. Fue este el punto límite de permisividad de Occidente hacia su política de patrocinio de terrorismo internacional que se tradujo en sanciones de la ONU desde 1992.”

 

“El otrora amigo del sanguinario Idi Amin Dada en Uganda – a quien ayudó enviando solados libios a mantenerse en el poder para islamizar a la mayoría negra cristiana de su país – y el efusivo colaborador de los regímenes islamistas de Irán y Sudán; tutor de tiranos como Hafez el Assad en Siria y de los dictadores brutales de Somalia, Liberia y Burkina Faso, entre otros países – comenzó poco a poco a espaciar sus acciones provocadoras contra naciones vecinas y lejanas y eventualmente renunció a sus ambiciones expansionistas y a sus delirios de grandeza.

Algo ocurrió un día – un buen día, podríamos decir – de 2003, cuando el hasta entonces intemperante y locuaz dictador libio aceptó su responsabilidad en el atentado de Lockerbie, ofreció compensaciones económicas a los familiares de las víctimas y anunció su renuncia definitiva a desarrollar armas de destrucción masiva. Khadafi, entonces, dio un giro espectacular que bien merece muchas obras para descifrar el código de su transformación: ¿Se debió al trauma del bombardeo que le hizo Ronald Reagan a su Palacio en 1986? ¿A síntomas de una dócil  vejez? ¿Algún medicamento? ¿Efectos de una diplomacia internacional acertada? ¿La influencia del prudente Seif al-Islam Khadafi, hijo y posible sucesor del general, sobre su padre? ¿Un proceso gradual de reflexión sobre la herencia que le dejaría a su pueblo sumido en pobreza y aislamiento?”

 

“Son muchas las teorías para explicar el cambio radical de Muamar Khadafi para dejar de ser eso – radical –  y la favorita, para aquellos que predican la guerra preventiva luego de los atentados del 11 de Septiembre de 2001, es que el bombardeo norteamericano sobre Trípoli  y Bengasi en 1986 le hizo comprender que no podía y no era conveniente seguir desafiando a los países poderosos del mundo. Sin embargo, el dictador libio mantuvo después del ataque, su tradicional actitud desafiante contra Estados Unidos, Europa e Israel. El cambio fue gradual y por eso, algunos analistas piensan que hubo otros factores que influyeron para sosegarlo

Según medios británicos como el Daily Telegraph y el Observer lo que llevó al régimen libio a renunciar a la posesión de armas de destrucción masiva fue consecuencia de acuerdos pragmáticos entre Khadafi con Londres y Washington. El primer diario asegura que servicios secretos británicos y norteamericanos interceptaron un supuesto cargamento de armas no convencionales en su posesión y negociaron con Khadafi abortar acciones militares a cambio de una “voluntaria” decisión de despojarse de esta municiones, mientras que el segundo periódico presentó una serie de reportajes que atribuyen la decisión del dictador libio de estrechar relaciones con estos países si le prestaban ayuda de inteligencia para sofocar el intento de grupos extremistas islamistas – incluyendo a Al Qaeda – de derrocarlo. Si bien estas versiones no han sido comprobadas podrían explicar por qué se quebró el hielo entre Libia y estos países, y sin embargo, la mayoría de los analistas consideran que el cambio de estrategia geopolítica del régimen libio se debe a la creciente influencia de Seif al-Islam Khadafi, hijo del dictador y según varias fuentes, candidato preferido de su padre para la sucesión en el liderazgo del país, interesado en desarrollar a su país con una visión pragmática y moderna de la gestión gubernamental.

Libia pasó de ser el cuarto productor mundial de petróleo en los años 80 a sufrir un severo estancamiento en le exportación de crudo que la imposibilita a cumplir sus actuales cuotas de producción fijadas por la OPEP debido al embargo comercial de la ONU y el poco interés de inversión de empresas extranjeras en un país que nacionalizó sus hidrocarburos. Ahora que el país vuelve a abrirse política y económicamente al mundo, se especula que en los próximos años se podría implementar un agresivo programa para su infraestructura energética y empresas como Exxon Mobil, Chevron Texaco y otras europeas, ya han comenzado a negociar posibilidades de explotación petrolera”.

La sanguinaria represión contra su propio pueblo, en días recientes, demuestra que Khadafi como todos los fanáticos y delirantes dictadores, cuando hacen cambios estratégicos no lo hacen por el bienestar de su país, sino, por adicción al poder.

 

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Recomiendo leer

http://grumberto.blogspot.com/  (del blog de viajes de mi amigoDaniel Grumberg que recuerden, está como uno de los links que más recomiendo de mi blog

Disfruten el viaje a la Ciudad Perdida…

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A continuación otro artículo de una serie destinada al analisis de la situación actual de varios países árabes y uno musulmán, muy importante – Irán (Persia) – a raiz de las revueltas populares de  Túnez y Egipto que culminaron con la caida de dos dictadores  (¿De dos regímenes?…eso aún esta por verse), y que invitan a reflexionar sobre la posibilidad de la democracia en países de mayoría musulmana.

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EGIPTO Y LA PARADOJA BUSH

Ariel Segal

Lo dijo varias veces, y un buen ejemplo es el de su discurso del estado de la unión ante el congreso de Estados Unidos en enero de 2007: “La gran interrogante de nuestra era es saber si Estados Unidos ayudará a hombres y mujeres de Medio Oriente a construir sociedades libres y a beneficiarse de los mismos derechos que el resto de la humanidad”.

George W. Bush justificó así el derrocamiento de  Saddam Husein como propósito fundamental de su país en la lucha contra el terrorismo islamista, y más allá de los cuestionamientos de las verdaderas razones de la invasión a Irak, el hecho de que esa nación sea hoy – con todas las dificultades y desafíos – la única nación árabe, junto a El Líbano (muy entre comillas), que tiene un sistema de democracia representativa, quizá fue uno de los factores de inspiración de las revueltas populares de Túnez y Egipto.

La Irak previa a W. Bush, fue desde su independencia en 1932, un país en el cual su mayoría árabe de la rama chiíta del Islam estaba dominada por una monarquía de la minoría sunita hasta que un grupo de militares derrocó y ejecutó al Rey Faisal II en 1958. Esos militares, también sunitas, fundaron un partido nacionalista, laico y socialista llamad Baath, a imagen y semejanza del que gobierna a Siria hasta hoy – que mantuvo los privilegios de los árabes sunitas (sobre los chiítas y los kurdos sunitas), hasta la era post-W. Bush en la que ahora Irak goza de un sistema parlamentario con elecciones multipartidistas.

El actual gobierno iraquí del primer ministro chiíta Nuri al Maliki cumple con los requisitos de la constitución de 2005 que obliga que la presidencia la ejerza un kurdo (etnia no árabe de religión musulmana y primera minoría del país) y el del parlamento sea un árabe chiíta (segunda minoría de Irak)

Si Bush justificó la invasión a Irak, entre otras supuestas razones, por la instauración de una democracia que podía ser ejemplo para el mundo árabe, y ese sistema está funcionando – bajo cimientos muy pantanosos y frágiles – ¿por qué no podrían gozar de ese sistema político otras naciones que han vivido bajo represión desde su independencia?

El discurso occidental hipócrita de apoyo incondicional a la democracia en todo el mundo, sumado al experimento iraquí impuesto y el turco, soberano, de un partido islámico no radical con alta popularidad, junto al fenómeno comunicacional de la estación qatarí Al Jazeera, que permite a millones de árabes conocer su realidad como sus propios medios oficiales no se la revelan, y ahora las redes sociales como Twitter y Facebook, son ingredientes a tomar en cuenta para entender el fascinante y a la vez, impredecible fenómeno que está ocurriendo en el mundo árabe.

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Enlaces de interés:

Arriba Egipto por Thomas Friedman
http://www.eluniverso.com/2011/02/11/1/1363/egipto.html 

http://www.unitedexplanations.org/2011/02/07/las-protestas-en-egipto-%C2%BFpor-que-la-comunidad-internacional-reacciono-tan-tarde/

Entrevista a politologo Fareed Zakaria
http://www.letraslibres.com/index.php?art=12061

Article of Fareed Zakaria
http://www.fareedzakaria.com/home/Articles/Entries/2011/2/7_Can_Obama_get_it_right_on_the_economy_2.html

Video – Fareed Zakaria program

¿Puede Egipto ir en la vía de Turquía? Y sobre la democracia en el mundo musulman, recomiendo leer mis articulos:
http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/9991164.asp

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/4970916.asp

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/4865035.asp

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/6688099.asp

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/8675231.asp

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/1828689.asp

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YEMEN

¿Se puede incluir a Yemen a la lista de países que está siguiendo la “vía tunecina” de revueltas contra largas dictaduras porque en algunas de sus ciudades – especialmente del norte – hay protestas contra su presidente Ali Abdullah Saleh, en el poder desde 1990?

 La respuesta es compleja, puesto que a diferencia de Egipto y los países del Magreb (norafricanos árabes), Yemen es un estado fallido, con un gobierno que solo controla una parte del norte del país, inmerso en una larga guerra civil y con áreas controladas por diferentes grupos.

Fundado en 1947 como una monarquía, en 1962 los militares destronaron a la dinastía de la rama del Islam chiíta Zaydi que cogobernó al Yemen desde el siglo ocho, bajo la supervisión de otros imperios musulmanes como el turco, y luego, de la vecina monarquía de Arabia Saudita que expandió su doctrina sunita fundamentalista, el wahabismo, a millones de sus actuales habitantes.

A partir de 1962 el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser vio la oportunidad de incorporar a Yemen, ahora bajo una junta militar, a la alianza ideológica del Pan-Arabismo que predicaba la integración árabe bajo la noción de  la etnicidad (origen y lengua común) y no del Islam (religión).  Con la asistencia saudí en el norte de mayoría zaydi, y la de Egipto a guerrillas el sur, el país se dividió en dos repúblicas que se unificaron en 1990. Las confrontaciones actuales aun  están signadas por las diferentes visiones de los enemigos del pasado: religiosos que quieren restaurar una teocracia vs  seculares de diferentes ideologías a favor de la republica.

El conflicto de siglos entre el fundamentalismo sunita y el chiita, actualmente desbordado en Irak y El Líbano, ha encontrado un terreno fértil en Yemen, en donde la guerrilla radical chiíta zaydi de la tribu Houthi ataca al gobierno del  autócrata secular Ali Abdullah Saleh, buscando la restauración de la monarquía religiosa; mientras que tribus sunitas del sur alojan a miembros de Al Qaeda, que llegaron  de Afganistán tras la retirada soviética en 1989, y otros que cruzan la frontera escapando de la persecución del régimen saudita. Desde entonces, la filial de Al Qaeda en la Península Arábiga  (AQAP) actúa con impunidad en aprovechando que su dictador Saleh no logra controlar gran parte del territorio yemení, por sus fluctuantes alianzas con tribus, guerrillas y países, de acuerdo a su interés de superar sus más de 36 años en el poder. 

Antes esta realidad, no es de extrañar que Yemen sea un nicho en constante conflicto entre tropas de un débil gobierno; grupos fanáticos sunitas y chiitas; y de “señores de la guerra” que manejan una sofisticada industria de tráfico de armas, secuestros de extranjeros y comercio de equipos que utilizan los con piratas somalíes al otro lado del Mar Rojo. Esto ocurre en una de las zonas más estratégicas del mundo, puesto que además de tener petróleo, Yemen limita con el Golfo de Adén, lugar de paso para barcos petroleros entre el Océano Indico y el Mar Mediterráneo. Para Al Qaeda, el control de este territorio tiene otro valor agregado, puesto que su ubicación sirve de vínculo de sus sucursales del Medio Oriente con las de países árabes africanos.

            Una estadística nos da la clave sobre la tragedia de Yemen: es el segundo país del mundo con más armas ligeras de fuego, unas 60 por cada 100 habitantes.

            Si el dictador Saleh es derrocado, será reemplazado por otro, pues los habitantes del sur no quieren que los islamistas del norte creen un régimen fundamentalista basado en el Corán, por lo cual, el destino de Yemen no será el de Egipto, Túnez u otras naciones árabes que puedan cambiar a sus actuales regímenes.

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HISTORIA DE UNA MOMIA

Hosni Mubarak no entendió lo que, literalmente, le dijeron en varios idiomas, diplomáticos europeos y estadounidenses durante años ante el obvio desgaste de su régimen y el descontento de la clase media egipcia que se tradujo, entre muchas otras cosas, en el ingreso de estudiantes y profesionales a grupos islamistas como La Hermandad Musulmana.

Mubarak se escudó en la probable hipótesis de que grupos radicales islámicos llegaran al poder en Egipto – como ocurrió en Argelia en 2001 y Gaza en 2006 – para no liberalizar el tablero político, pero fue presionado por varios gobiernos aliados a su régimen para que al menos condujera a su país, a una gradual apertura por medio de gestos mínimos como la liberación de disidentes políticos y la tolerancia a medios de prensa opositores. No lo hizo, y ahora, con 82 años y según fuentes periodísticas, un cáncer en su sistema digestivo, deshojaba la margarita para elegir como sucesor a su hijo Gamal o a su poderoso jefe de servicios secretos, Omar Suleiman. Con ese objetivo volvió a manipular las elecciones parlamentarias de noviembre de 2010 garantizando el poder casi absoluto del Partido Nacional Democrático (PND) hasta los comicios presidenciales de septiembre de este año (El PND proviene del mismo movimiento cívico-militar liderado por el carismático general Nasser, que derrocó al último rey egipcio en 1952).

De no haber sucedido el precedente de Túnez, quizá Mubarak hubiese logrado controlar el descontento popular anunciando una pronta sucesión de su hijo u otorgando el poder a Suleiman, pero su intransigencia de renunciar y comenzar una transición inmediata, hacen ahora muy difícil que algún funcionario de mediana jerarquía de su partido pueda conducir al país a las próximas elecciones, en caso de que no se detengan las protestas masivas.

Mubarak esperaba ser recordado como el hombre que mantuvo estable por 30 años al país árabe más populoso (hay naciones musulmanas, no árabes, con más habitantes como Indonesia, Pakistán, etc.), y uno de los más estratégicos por ser el puente de comercio entre Europa y Asia a través del Canal de Suez, y por su rol como mediador principal entre israelíes y palestinos. Sin embargo, ahora su imagen es, principalmente, la de un tirano que, en su empeño de momificarse en el poder, oprimió a sus oponentes y disminuyó la calidad de vida de los egipcios.

El efecto Túnez y el destino político de Mubarak podrían determinar, en buena medida, el futuro político del mundo árabe.

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