Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 8 marzo 2013

EL OTRO CONCLAVE

Con el anunció de la muerte de Hugo Chávez finaliza el conclave castrista-chavista, previo al del El Vaticano, que mantuvo un total hermetismo sobre la enfermedad del caudillo y la estrategia para que sus sucesores se perpetúen en el poder.

Desde que Chávez asumió la presidencia por primera vez, en 1999, tenía claro que quería pasar a la historia como una especie de reencarnación de Simón Bolívar. Luego fue adoctrinado por Fidel Castro y gradualmente tuvo que inventar un discurso incongruente para combinar el llamado “socialismo del siglo 21” y el bolivarianismo, basado en una figura sobre la cual Marx cuestionó sus supuestas heroicidades (ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/58-boliv.htm). En un carta a Engels de 1858, Marx escribe que Bolívar fue “el canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Souloque” (cruento y delirante dictador de Haití).

Mientras a Hugo Chávez lo ensalzan a la categoría de un semidiós, es bueno saber que si bien el fallecido presidente citaba a Marx y a su dialéctica como parte esencial de la ideología bolivariana, el filósofo alemán nunca tuvo la visión idealizada de Bolívar del chavismo.

Tres leyendas de las muchas utilizadas por la contradictoria ideología chavista. En este caso: Cristo, Bolívar (quien fue cristiano pero también Masón) y Marx, quien fue ateo.

La manipulación de la enfermedad de Chávez por parte del conclave liderado por Fidel y Raúl Castro y los chavistas pro-castristas consistió en mantener un estricto secretismo para crear la ilusa esperanza de sus seguidores – llamando a rezos y vigilias por su salud, – con frases como la de Maduro: “Chávez dio su vida por el pueblo” o la acusación de que le inocularon el cáncer, que recuerda a la del caudillo contra la oligarquía colombiana del siglo 19 que “enveneno a Bolívar” (excusa para la exhumación de sus restos). Ese conclave de La Habana buscó reforzar una religión con Bolívar padre (Simón), hijo (Chávez), y el espíritu santo (el chavismo-castrismo), con el cual se espera que el país y el continente tengan un nuevo personaje mítico como el Che Guevara (un hombre violento percibido casi como un santo), o “Santa Evita” Perón (Tomás Eloy Martínez, dixit).

En una entrevista de 1993 el brillante dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas decía sobre el mito de Bolívar: “La tradición histórica de esta república parte de un supuesto terrible. En 1783, nació en Caracas, un genio inimitable, un extraterrestre insuperable, una especie de carambola cósmica. La historia de Simón Bolívar, la que aparece en sus documentos, en sus cartas, en sus manifiestos, en sus consideraciones sobre la política de los primeros años del siglo XIX, no tiene nada que ver con ese semidiós inventado, fertilizado y a veces censurado por la Sociedad Bolivariana. Desde luego, el culto a Bolívar, la sacralización del Padre de la Patria, no es una potestad única de la Sociedad Bolivariana. Desde Guzmán Blanco (finales del siglo 19) para acá, no ha habido un presidente de Venezuela que no haya citado a nuestro gran personaje a la hora de cometer cualquier arbitrariedad”.

Con Chávez, sus mentores de La Habana y sus sucesores, se llegó al paroxismo de que la arbitrariedad fuese la de comparar a un presidente con chequera abultada por los petrodólares con un luchador que logró mucho con la única posesión de la tenacidad.

Carictarua de Edo

Read Full Post »

LA PEOR PESADILLA

(Tentó a la muerte y ésta aceptó el reto en forma de una enfermedad dolorosa que lo condujo a una larga agonía. Tentó a la muerte cuando proclamó como slogan para su autocracia electoral: “patria, socialismo o muerte”, y esa última opción, que en los últimos 10 de los 14 años de su régimen, sin guerra civil, provocó la muerte por homicidios de 123 mil venezolanos Ver http://informe21.com/observatorio-venezolano-violencia-0 ), ahora lo aniquiló a él, que no lidio con ella patrióticamente en su país, y que agravó el sistema clientelista y mono-dependiente del petróleo de los 40 años de democracia que tanto criticó.

Tentaba tanto a la muerte que el politólogo Carlos Blanco, llegó a escribir antes de que se supiese de su cáncer, en una columna del 31-01-10, lo siguiente: “El tema de la muerte es una constante en el discurso de Chávez. Sacrificios hasta la muerte. Aunque se me (nos) vaya la vida… Patria o muerte. Me quieren matar. La muerte asedia a esta revolución. No lo ha dicho, pero está a punto de decir que si su muerte contribuye a que cesen los partidos, bajará tranquilo al sepulcro. Aunque, pensándolo mejor, no; al contrario, promoverá el apocalipsis bíblico”.

Tentó a la muerte cuando en su obsesión de que Bolívar fue asesinado (como en su imaginación intentaron matarlo a él en varias ocasiones), en julio de 2010 ordenó exhumar los restos de El Libertador para luego hacer un estudio de ADN, y asistió personalmente al espectáculo necrófilo transmitido en cadena a todo el país.

Ahora Nicolás Maduro, tratando de copiar, burdamente, el estilo de Chávez, dice que al fallecido dividiendo a los venezolanos entre “patriotas” (chavistas) y “oligarcas, pitiyanquis, imperialistas” (oposición venezolana y gobiernos que no comulgan con el que lideró Chávez por 14 años), quizá busca justificar la extensión del gobierno de facto más allá de lo que la constitución bolivariana establece.

A Chávez le ocurrió su peor pesadilla: aquello que tentó tanto retóricamente se convirtió en una realidad: la muerte lo amenazó con un cáncer pero él no se trató a tiempo y cuando lo hizo, prefirió hacerlo en Cuba por secretismo y por su fijación edípica a Fidel Castro, cuando en otros países la medicina está más desarrollada para ese tipo de mal. Y así, Venezuela, se descubrió en los últimos tres meses en una sus peores pesadillas que algunos no parecen advertir por falta de referencia histórica: la de estar dominados por una nación extranjera, Cuba, que intentó controlar en el pasado, sin éxito, a muchos países Latinoamericanos. (La Venezuela de los años 50s y 60s que enfrentó a sus guerrillas; Chile de Allende que pese a su admiración a Fidel, le pidió no entrometerse en asuntos de su gobierno, y la Nicaragua sandinista).

El politólogo y editor del diario Tal Cual, Teodoro Petkoff, desde hace mucho utiliza el nombre de Chacumbele para referirse a Chávez, en referencia a la guaracha cubana de ese nombre pues “él mismito se mató”, y lo hizo, como el fallecido caudillo confesó, “porque me descuidé”, y lo hizo porque su enfermedad de poder no le permitió delegar y se creyó un superhombre. La ironía es que Fidel, quien lo adoctrinó para lograr en el siglo 21 lo que no logró en el 20, fue el asistente en el suicidio de Chávez al no detenerlo para que dejara el gobierno de su país satélite en manos de un sucesor a quien ellos (padre e hijo ideológicos), pudiesen, desde la tranquilidad del reposo, manejar.

Esta es la historia de una gran ironía en donde todos los protagonistas son perdedores: Fidel, que entierra a su pupilo; Chávez, que no supo cortar el cordón umbilical de los designios de su mentor cubano a tiempo para “no matarse a sí mismo”, y lo más importante: Venezuela toda, que por ahora, está a merced de un gobierno extranjero.

Read Full Post »

ERGO, ARGO

El ministro de cultura persa ha acusado a la película Argo de ser anti-iraní, cuestión que hubiesen expresado portavoces de Al Qaeda si hubiese ganado Zero Dark Thirty (La noche más oscura), la odisea de más de una década para encontrar y liquidar a Bin Laden, o incluso, los republicanos de Estados Unidos hubiesen podido aducir que Spielberg presentó su film basado en el mismo fundador de su partido, Abraham Lincoln, como lo hizo, para hacer un sutil y exagerado paralelismo del presidente que abolió la esclavitud, con el primer negro en la Casa Blanca, quien también busca convencer al país de que sus propuestas políticas son históricas.

Lincoln, arriba. Argo, abajo y Zero Dark Thirty, a la derecha.

Desde hace muchos años Hollywood es lo contrario a Washington, y apuesta a los “no políticamente correcto” en la mayoría de sus films. Lo extraño del reciente Oscar fue que la agenda del gremio del cine de EEUU coincidió con la de la administración de Obama al presentar como favoritas a tres películas que exaltan lo mejor de espíritu de su país no sin importantes cuotas de autocrítica: la tenacidad; la eficiencia y la lucha por los ideales (en Argo, el rescate compatriotas amenazados de muerte; en “Zero Dark…” la larga caza del terrorista más sangriento de ciudadanos norteamericanos, y en “Lincoln”, la lucha por concretar un ideal humanista en tiempos cruentos de guerra civil), pero a su vez, en Argo, su introducción asumiendo la responsabilidad de EEUU en la cruenta tiranía del Shah que condujo a la revolución islamista de Khomeini; el uso de la tortura en el film sobre Bin Laden, y la compra de votos para lograr objetivos políticos, un mal que viene de siglo 19, como muestra el film Lincoln. Trabajo en equipo y liderazgo individual es el leitmotiv de estas películas.

Esta coincidencia entre Washington y Hollywood fue tan notoria que la primera dama, Michelle Obama, leyó el nombre de la película ganadora, Argo, que al contar la historia del rescate, en 1979, de 6 diplomáticos estadounidenses que escaparon de la embajada tomada por revolucionarios del Ayatolá Khomeini y se escondieron en la residencia del embajador de Canadá, resalta la decisión del agente Tony Méndez de no aceptar, a última hora, la cancelación de la operación de rescate por parte de una enmarañada y laberíntica CIA. El rol de Méndez y de la vecina Canadá permitieron que esta historia tuviese un final feliz.

Ben Affleck con Tony Méndez, agente de la CIA que sacó a los 6 norteamericanos de Irán y el ex embajador de Canadá que les dio refugio en su casa, arriesgando su vida, Ken Taylor

Lo anterior, más un suspenso exagerado de última hora, el carisma de Ben Affleck y la actual tensión con Irán son las razones para un Oscar. Ergo, Argo.

Read Full Post »