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Archive for 18 mayo 2014

ALICIA FREILICH

Mafalda, Chavo y Chusmita

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A Ruth Lerner, maestra de maestros

Tesis: El régimen chavista ya liquidó y dañó a gran parte de la joven generación venezolana. Un sector, víctimas y criminales, se fue entre los millares de asesinados. Otro está envenenado con el mito revolucionario, sometido a lavados de cerebro en sadismo fratricida con uniforme escolar, miliciano, policial y paramilitar del fascio castrocomunista impuesto por el G2 cubano a sus lacayos exvenezolanos.

Antítesis: Mafalda, niña adulta precoz, argentina y universal, razona, reacciona y desobedece lo injusto. Respondona frente a los abusos de autoridad, insolente contra la agresión que impide cuestionar el estatus incompetente y cruel. Voz del perseguido cuando mandan gorilatos, detesta toda guerra, mentira y represión, emblema del sano idealismo, motor de la historia.

El Chavo mexicano es la desclasada infancia huérfana y callejera desde Río Grande hasta Patagonia, física y mentalmente limitado por desnutrición, carencia de afecto familiar y amparo estatal. Pobre pero honrado, sobrevive mantenido por el vecindario y ejercita de todero para hacer sus juguetes con la basura. Su pelea por golosinas culmina sin revanchas, en justa hermandad.

Chusmita es el hijo libre, calzado y escolarizado del venezolano Juan Bimba, palúdico, analfabeta y descalzo chusma parido por dictaduras. Inspirado en la canción del compositor Luis Cruz “Hola Chusmita” que le quitó sentido ofensivo al apodo, el maestro integral Simón Díaz le dio cuerpo televisivo al incluirlo como el cantor preguntón en una pandilla de chamos nacidos de las clases media y proletaria en ascenso durante los años ochenta y noventa, infantes que pudieron  educarse para la ciudadanía productiva en colegios públicos y privados con alegre música desde el programa modelo Contesta por Tío Simóncuya consigna era ser curioso y aprender sin límites.

Hoy, la muchachada de cualquier edad, independiente, universitaria, liceísta o realenga sin cupo en esta sociedad militarizada lucha por existir y estudiar sin dogmas. Infiltrada por malandros mercenarios, es la vanguardia que mezcla en armonía esos tres mensajes: cuestiona sin tregua ni miedo sobre el presente y futuro de su país y su vida. Es alma honesta y resistente contra la criminalidad oficialista que se sirve de jóvenes resentidos y llevados de barrio a cuartel donde se los gradúa de sádicos robocops, repletos de balas, bombas, garrotes y cadenas para anular al paisano disidente. Y es el pana libertario que avanza a todo riesgo, pues quiere ser un civilizado y actualizado miembro del exigente cibersiglo.

Síntesis: La juventud autónoma del 14, sin armas ni uniformes, rebelde con causa, valiente, insobornable, adulta prematura por fuerza de los hechos, es la dirigencia de facto más querida, confiable y respetada en el país y el mundo, pues detecta y denuncia sin ambages falsos diálogos, tácticas dilatorias de corrupta costumbre y se niega a pactar con la delincuencia político-mercantil-cívico-militar, local y foránea. Es el niño del famoso cuento, único en un pueblo lleno de ciegos voluntarios, que solito y a viva voz reconoce la desnudez del rey.

De nuestro apoyo sin reservas a su acción y del respaldo constitucional de una fuerza armada, aún decente y demócrata, negada a implementar planes Ávila, como la de enero 23 y abril 11, depende el buen destino patrio porque esta será la generación dirigente del renacer nacional en ciencias, tecnología y humanismo.

Venezuela es una riquísima heredera que muchos quieren poseer, pero a la que pocos aman. Entre sus leales a toda prueba están nuestros estudiantes. ¿No bastan 15 años de calma frente a las ruinas?, diría hoy el Libertador si los ambiciosos negociantes bolivarianos, intra y extrafronteras, lo dejaran volver sin maquillajes y participar en cada protesta legal y pacífica.

alifrei@hotmail.com 

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DILMA SABE

Dilma Roussef está avisada que durante el Mundial de Futbol habrá protestas por el exagerado gasto que se hizo para realizar ese evento, mientras muchos sectores de la población pasan grandes necesidades. Lo sabe porque ya hubo multitudinarias manifestaciones durante la Copa Confederaciones de 2012 y porque ya se han anunciado las que los indignados brasileños preparan para tomar calles en junio.

Dilma sabe que debe garantizar la seguridad de personalidades importantes y populares durante El Mundial, y así como movilizó a miles de efectivos de las Fuerzas Armadas y policiales para proteger al Papa Francisco durante la Jornada Mundial de la Juventud en mayo del año pasado habrá extremas medidas de seguridad para la gran fiesta del futbol. Y como Dilma sabe que la violencia y la criminalidad aumentan cuando hay un evento importante que atrae a muchos turistas, la presidente brasileña ha ordenado que la policía haga redadas en barrios muy pobres de las grandes ciudades del país, en especial, en la muy peligrosa y violenta favela cercana al aeropuerto de Río de Janeiro, Villa Cruzeiro, dominada por narcotraficantes y  mafias.

Dilma sabe que en 1997, cuando Juan Pablo II visitó Brasil, el gobierno de Fernando Cardoso fue criticado por el excesivo uso de la fuerza de la BOPE- la fuerza militar de elite que apoya a la policía,-  a la favela del Morro do Turano,  puesto que el Sumo Pontífice se alojó en un lugar cercano. (Una película del 2007 trata sobre la violencia de los narcos y de la BOPE en esos tiempos: Tropa de Elite, del director José Padilha).

Pero Dilma sabe que no habrá mayores críticas esta vez porque a medida que aumenta la violencia de los criminales hay más permisibilidad, por parte de la opinión pública, para que las autoridades los maltraten o incluso, incurran en actos de venganza.

Y Dilma sabe, sobre todo, que no debe criticar a Maduro y los Castros, porque si no, durante El Mundial, se aunaran a las protestas extremistas vinculados  los grupos que adoran a los dictadores de izquierda del continente,  El Foro de Sao Paolo, Los Sin Tierra y otros.  Sabe que le conviene aplacar su probable simpatía por la causa de los demócratas venezolanos, no solo por intereses comerciales, si no también, por un Mundial de Futbol.

Del website-http://www.gurupionline.com.br/jornalismo/index.php?pg=noticia&topico=2467

 

ARTICULO INTERESANTES SOBRE EL TEMA:

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/02/21/actualidad/1393012111_714934.html

¿Se están endureciendo los brasileños?

JUAN ARIAS 21 FEB 2014 – 20:48 CET

Da la sensación de que la gente está crispada, lo que la lleva a tomarse la justicia por su mano y ver la venganza como una medicina eficaz

O sé si es bueno o es malo, pero existe una sensación, cada vez más palpable, de que los brasileños, gente cordial, se están endureciendo. Son solo síntomas aún, pero que empiezan a afectar a todo el país.

Siempre he destacado que los brasileños acaban conquistando a los extranjeros por su capacidad de acogida, por su paciencia, por su elasticidad y por su falta de agresividad, algo que, por ejemplo, nos aqueja a los españoles, más impacientes.

Eso se notaba hasta en la calle cuando preguntabas algo; en las tiendas, donde eras atendido con una gran paciencia, algo que deja admirada a mi hija cada vez que viene de Barcelona a Brasil: “¿Es que aquí son todos tan amables siempre?”, me preguntaba sorprendida.

Yo mismo he contado mil anécdotas agradables que he vivido en el trato con la gente en los 15 años que llevo en este país escribiendo para este diario. Entre ellas, la solidaridad con quien, en algún momento, necesitaba de ayuda.

¿Todo eso ha cambiado? Quizás aún no. Los procesos de cambio negativos en una sociedad son lentos, necesitan a veces años para consolidarse y suelen ser el fruto amargo de alguna crisis que la aqueja gravemente, como ocurrió últimamente en algunos países de la Unión Europea en los que la crisis económica y el desempleo que arrastró consigo hicieron que dichas sociedades se crispasen.

En Brasil no existe una situación que pudiera explicar ese endurecimiento que empieza a observarse en las personas. El país, en muchos de sus parámetros, ha mejorado y, en general, se vive mejor que hace 20 años. Algo, sin embargo, está ocurriendo, aunque por ahora sea más bien de modo subterráneo. Da la sensación de que la gente está crispada con algo que la lleva a tomarse la justicia por su mano o a ser o parecer menos solidaria cuando alguien pide ayuda. Empieza a verse la venganza como una medicina eficaz, algo sobre la que empiezan a alertar sociólogos y escritores. Barbara Musemeci, en su artículo de irónico título Injusticia con las propias manos, publicado en el diario O Globo, alerta sobre el momento que está viviendo Brasil, al afirmar que “la experiencia no deja dudas de que la venganza es un atajo para eternizar la violencia”. La socióloga recuerda que “la idea que sustenta la venganza empieza a enraizarse en nuestra cultura”.

El agudo escritor Verissimo en su artículo Alarma, publicado el mismo día y en el mismo diario, advierte de que existe un momento en las sociedades en que empieza a sonar una alarma y que lo difícil y peligroso es saber cuando esa alarma ya se ha disparado. Pone el ejemplo de la tragedia judía de Hitler. ¿Cuándo sonó la alarma que presagiaba el Holocausto? El agudo escritor afirma que ante “la falta de un centinela” que nos alerte de que “los bárbaros están llegando”, debemos confiar en nuestro instinto. Y ese instinto es el que empieza a avisarnos de que una cierta barbarie se empieza a incorporar a una sociedad que tuvo siempre vocación de civilización y de convivencia.

Estamos viendo, por ejemplo, que la gente aboga por la silla eléctrica para los “bandidos” y, lo que es peor, que defiende el linchamiento de alguien que haya robado o asaltado, con la excusa de que el Estado “se limpia las manos” y que los políticos viven blindados y escoltados y no se enteran del miedo que la gente tiene en la calle, sobre todo en las grandes ciudades.

Damos por bueno que el policía, solo por ser tal, merece ser objeto de violencia llegando a borrarse la frontera entre el corrupto y el que se esfuerza por cumplir su deber.

Una dureza y violencia que ejercen hasta los que asaltan, que ya no se conforman con robar al que pasa a su lado, sino que acaban hiriendo o matando de forma gratuita. Así lo contó a un diario un ciudadano: en el Aterro do Flamingo, en Río, un joven no se conformó con robarle su bicicleta eléctrica, sino que le dejó de regalo una puñalada en el pecho que pudo haber sido mortal.

¿Por qué esa violencia añadida?

En las cárceles siempre hubo escenas de violencia gratuita, pero al parecer esos horrores se están agravando al mismo tiempo que la policía, quizás contaminada por ese despertar de dureza colectiva, acaba pagando con la misma moneda en vez de ser un elemento de seguridad ciudadana.

Yo suelo estar atento a las cartas de los lectores de los periódicos o de los comentarios en los artículos de los diarios online, que suelen ser un termómetro del humor de la gente. Y también esos comentarios se están radicalizando y cada vez más, en vez de las reflexiones de antaño, abundan los exabruptos y los insultos contra todo y contra todos. Existen hasta blogueros pagados para desacreditar a los que piensan de otro modo.

El diapasón de la violencia está aumentando de volumen. Hasta en las favelas pacificadas de Río están volviendo peligrosamente las viejas guerras entre traficantes y policías.

En los estadios de fútbol sube la temperatura de la intransigencia ante la derrota del propio equipo, lo que lleva a las agresiones de los adversarios.

En las manifestaciones, que deberían ser pacíficas como siempre fueron las multitudinarias del pasado, se están introduciendo cada vez más los grupos violentos azuzados, al parecer, hasta por fuerzas políticas que deberían ser las guardianas del orden.

Crecen la violencia doméstica, la violencia contra la mujer y la violencia entre adolescentes. Cada día los medios e comunicación nos relatan crímenes dentro de las mismas familias que ponen la carne de gallina.

La violencia no solo se extiende sino que se está brutalizando.

Esa sensación de endurecimiento a varios niveles empieza a preocupar a sociólogos y psicólogos y divide a veces a los que deberían atajar ese principio de endurecimiento de la sociedad al politizar la violencia, distinguiendo entre violencia como tal -que sería condenable- yviolencia social, que podría ser permitida, aceptando la falacia de que los fines justifican los medios.

En una sociedad como la brasileña, destacada por su capacidad de aceptación del extranjero, por su poco aprecio por las guerras y por su gusto por la vida y por la fiesta, su ejemplo de convivencia pacífica entre regiones tan diferentes y su ecumenismo religioso, la violencia estaba limitada al tráfico de drogas y a las truculencias de una policía poco preparada y, a veces, corrupta. Por eso debe alertarnos, como la alarma de Verissimo, esa especie de endurecimiento generalizado que empieza a advertirse y al que no estábamos acostumbrados.

Y aunque hasta ahora se trata más bien de pequeños síntomas, no por ello las autoridades responsables deben minimizarlo. Todos sabemos muy bien que los incendios que acaban arrasando los bosques comienzan a veces con una colilla de cigarro tirada en el suelo. Y cuando en nuestro organismo se aprecian algunas décimas de fiebre, el médico se preocupa por saber a qué responde esa anomalía.

Todos los fascismos de derechas o de izquierdas mamaron desde su infancia de la fuente emponzoñada de la violencia gratuita y de la intolerancia y la venganza.

Brasil, en el delicado y peligroso camino de la agresividad que empieza a despertar, en ese querer adueñarse del derecho de hacer justicia con sus propias manos, aún no ha activado la alarma. Pero las décimas de fiebre que ya registra el termómetro de una cierta intolerancia colectiva no puede dejar de preocuparnos: quizás ninguna de nosotros es inocente y la sociedad no se divide de manera salomónica en víctimas y verdugos.

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PANCARTAS VENZOLANAS

Un excelente termómetro de lo que exigen los manifestantes que han tomado, pacíficamente, las calles de Venezuela desde el pasado febrero, es el contenido de las pancartas que comenzaron con mensajes sobre la situación socio-económica del país, y gradualmente, ante la feroz represión gubernamental, expresan también la indignación del maltrato y abusos que han recibido:

 “Mi hermana y yo queremos jugar como hicieron mis padres. Sin miedo”. (Alzada por una niña).

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“Estos Castro-Chavistas hablan como Marx, gobiernan como Stalin y viven como Rockefeller mientras el pueblo sufre”.

“No todo es caro en Venezuela. Aquí la vida no vale nada”.

“Este país no es tuyo (letras dibujadas con colores de bandera cubana), sino mío (letras con colores de la bandera venezolana).”   

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“Diosdado (Cabello), te invito a vivir con el salario de mi papá”.

“No y no y no, no nos da la gana una dictadura como la cubana”.

“No sabía que existían tantos policías. ¿Dónde han estado todos estos años?”.

“Nos han quitado tanto que acabaron quitándonos el miedo”.

“Quiero ver a la guardia nacional bolivariana enfrentarse al hampa como a los estudiantes”.

“Yo tenía miedo pero me lo robaron. S.O.S Venezuela”.

“Disparas a quien te quiere proteger”. Estudiante a la Guardia Nacional.

“Papá, nos da mucha vergüenza que tú seas militar”.

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“¿De qué sirve ser de izquierda o de derecha si las balas al centro de tu cabeza?”.

 

“Pedir paz con rabia es como enseñar modales mentando la madre”. En referencia a las llamadas de Maduro al dialogo y a la paz.

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 De la web http://angelicamorabeals.blogspot.co.il/2014_02_01_archive.html

 

“Uds. (gobierno) viven del imperio que tanto critican y yo de la supuesta patria que tanto pregonan”.

“Salimos a la calle a ver qué pasa porque en la TV no pasan un coño”.

“Ni Uribe, ni USA ni nadie financia nuestra rabia.”.

“El que se cansa pierde”

 “¿Lo llamamos ya dictadura o todavía no?”.

 “Tú con tus balas y yo con mis bolas”.

“Mamá, me fui a luchar por Venezuela. Si no regreso me fui con ella”.

“Hijo, me fui a luchar por Venezuela para que no te vayas ni con ella ni de ella”.

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Aun en tiempos de redes sociales, el antiguo arte de la pancarta, sigue siendo el más importante en cualquier demanda como ésta lo atestigua:

“Mi presencia vale más que 140 caracteres”.

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Una perversa mitología LA REVOLUCIÓN SEGÚN EL GABO, por Alicia Freilich

De la web http://www.ideasdebabel.com/home/?p=34720

 

Posiblemente no se ha escrito en el castellano de Hispanoamérica una obra de fondo más elegíaco, amargo y pesimista que ésta. Pero tampoco ninguna otra ha promovido más carcajadas, goces y sonrisas. Un trágico y detenido sino colectivo, un patético sacrificio comunitario, un largo y sostenido funeral de guerras civiles que primero narró escueto y sombrío el mexicano Juan Rulfo en su fantasmal Pedro Pàramo, se vuelca por contraste barroco y alegre, en la desorbitada selva de Macondo descrita con festiva hilaridad. Comala de Rulfo y Macondo de Colombia son una sola y tristísima elegía por la revolución popular que se desintegró frustrada en el militarismo de caudillos locales y controladores poderes internos y foráneos.

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En Gabriel García Márquez el proceso se reconstruye como epopeya de situaciones amables, pura joda, es decir, mero bochinche, como dirían él mismo, su y nuestra gente, pero la composición de la novela remeda en su atormentada espiral, infinitamente retorcida sobre un eje, este fenómeno de la violencia espasmódica en permanente estallido concéntrico y sin término.

Son las rebeliones truncas, extenuadas, que avanzan y retroceden sobre sí mismas, en espacios y tiempos múltiples, a la vez estáticos.

GGM mostró a toda una generación heredera del llamado boom –discìpulos, continuadores, imitadores y plagiarios– cómo reírse de esa trágica realidad histórica regional y continental, desde su estilo tan propio, artificialmente mágico porque el profundo y auténtico de la magia cotidiana ya viene intrínseco en la mitología de las culturas precolombinas y posteriores añadidos que sobre ellas impuso la Inquisición en Centro y Suramérica. El humor mismo, tan natural, que luego el Gabo irradió guasón, viene, por ejemplo, contenido en aquella célebre polémica entre sabios teólogos de la época para resolver si el indígena era bestia o prójimo y así justificar abusos de los colonizadores.

Pero es precisamente este personal histrionismo literario de estudiado payaseo imaginativo lo que otorga la clave de su originalidad notable a la obra de GGM.

Cien años de soledad es la crónica continuamente anunciada de, en este caso, treinta y dos revueltas armadas, los treinta y dos fracasos del Coronel Buendía. La revolución totalmente irrealizada durante un siglo. Al último de la estirpe, Aureliano, el de la cola de cerdo, destinado para la gran y definitiva victoria, se lo comen las hormigas.

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Si GGM tuvo claro ese concepto fatalista ¿por qué pudo intuir de inmediato en Hugo Chàvez a uno más de los tradicionales dictadores caudillistas pero se hizo mudo cortesano y cómplice de la cruel tiranía castro-comunista?

La respuesta exige que se desnude la personalidad de este autor. Eso lo hacen de maravilla competentes psiquiatras y psicoanalistas.

Sería un estudio muy conveniente y de urgente divulgación pública masiva porque esta perversa mitología revolucionaria regalada sin escrúpulos por el chavismo, usando como mentira utilitaria la petrolera espada de Bolívar, es capaz de cegar no sólo a talentos individuales sino que ha desgarrado las venas latinoamericanas de sangre joven y pura envenenando pueblos ignorantes, muy pobres, aptos para ser sacrificados y esclavizados por sectas fanatizadas, oportunistas y criminales, mitomaníacas, como lo comprobamos durante esta crisis venezolana, en plena vigencia.

Ya es hora de crecer también literariamente, de rescatar, de reconocer lo esencial y enfatizar el ingenio duro, serio y comprometido, tradición por demás muy venezolana.

A PROPO DE UNA VISION PSICOLOGICA DE GABO, ARTICULO DE MARCOS AGUINIS PUBLICADO EN LA NACION

GABO Y EL OTOÑO DE FIDEL.

En la web http://www.lanacion.com.ar/1688245-gabo-y-el-otono-de-fidel

 EL justificado vendaval de letras que produjo la muerte de García Márquez condujo a innumerables anécdotas e interpretaciones. No debo guardarme las que ayudan a comprender mejor su jardín de opiniones, sentimientos, fijaciones y altibajos.

Lo conocí personalmente en el año 1970. Demostró que su brusca y potente fama no le había amputado la modestia. Yo acababa de ganar el Premio Planeta con La cruz invertida y él manifestó a mi editorial su deseo de visitarme. Regresé al hotel Ritz luego de una entrevista con periodistas en un café cercano y ya me esperaba en la recepción. Aún tenía el cabello y bigotes negros, estaba flaco y parecía tímido. Elegimos un rincón silencioso. Enseguida preguntó por sus amigos Paco Porrúa y Tomás Eloy Martínez. Peloteamos elogios sobre Cortázar, a quien confesó admirar sin límites: “Es un maestrazo”. Le conté que conocía la vida, obra y milagros de Juan Filloy, a quien Cortázar le había dedicado unos renglones en su monumental Rayuela, porque ambos éramos entonces vecinos de Río Cuarto. Antes de los diez minutos, con el rostro serio y los ojos brillantes, produjo un giro en la conversación al formularme la pregunta que más circuló en España por aquellos días: “¿Cuándo abandonaste los hábitos?”.

-Nunca fui cura -expliqué-. Pero interrogué a más de veinte, con y sin sotana.

-Me sorprendieron tus conocimientos teológicos. Tu novela no sólo es audaz en la estructura, sino densa en el contenido.

-Soy un teólogo frustrado, entonces. O rebelde.

Nos lanzamos a comentar la Biblia. Dijo que tiene más cuotas de magia que los novelones de caballería, a los que estaba revisando.

-No sólo tiene magia, sino psicología y hasta humor -agregué.

-¡Claro que sí! -se entusiasmó y, con una sonrisa de oreja a oreja, lanzó la ocurrencia que luego repitió en otros lugares-. Fíjate si tendrá humor que cuando Jonás reapareció ante su mujer con tres días de atraso, le dijo que no había hecho nada malo, que no tenía la culpa, que se demoró porque lo había tragado una ballena.

Por cierto que en esa anécdota, como en otras que exprimimos, corrieron sin freno las deformaciones iconoclastas del texto sagrado, como se hace al componer una novela. Le pregunté qué estaba escribiendo. Se ensombreció y durante un largo minuto estudió el fondo vacío de su taza de café.

-Mira, el éxito tiene sus bemoles. Se están reeditando mis textos previos y Mario Vargas Llosa ha terminado un voluminoso estudio sobre todo lo que pudo averiguar de mí e interpretar de mis escritos. ¡Es un trabajador infatigable! Le ha puesto un título también religioso: Historia de un deicidio.

-Concilio Vaticano II…

-Tal cual. ¡Qué buen papa fue el gordo Juan XXIII!

-Pero ¿qué estás escribiendo ahora? Se dice que no pasa un día sin que teclees unos renglones.

-Sí, es cierto. Ya elegí el título de otra novela, pero no me convence la forma. Para nada. Me tiene angustiado. Se llamará El otoño del patriarca y quiero reventar a todos los dictadores de América latina. Hasta me referiré a los 300 pesos que necesitaba Perón para vivir y el absurdo peregrinaje de un cadáver. No eres peronista, supongo.

Quedamos en seguir la conversación en su casa, pero cuando regresara Vargas Llosa, que se había ido por unos días a Perpignan.

No pudo ser, porque debí acelerar mi regreso a la Argentina debido a que mi novela iba a ser prohibida por la dictadura militar de entonces. Años después, Vargas Llosa recordó ese frustrado encuentro; en aquella época Gabo y Mario eran casi un matrimonio.

En España también intentaron bloquear La cruz invertida. El poderoso editor de Planeta me dijo: “Voy a entrevistar personalmente al Caudillo”. Le explicó que era la primera vez que el premio se otorgaba a un extranjero, que la noticia ya se había difundido por el mundo, que el argumento no se desarrollaba en España, que causaría daño a la nueva imagen que el gobierno se esmeraba en lucir. Entonces Franco levantó la censura. En la Argentina le explicaron al general Levingston que en la España franquista, nada menos, la novela circulaba sin inconvenientes; que la censura provocaría un efecto inverso, un papelón mayúsculo. Entonces el jefe de Estado se avino a dejarla circular. Más adelante, al recordar esa transitoria crisis, dije que pocas veces dos tiranías se ponen de acuerdo para garantizar la libertad de expresión.

Sigo con la modestia de García Márquez. El escritor colombiano ya vivía en México y el presidente Alfonsín me invitó a integrar su comitiva cuando fue a ese país. Enterado García Márquez, llegó hasta mi hotel. Ya tenía el bigote blanco y vestía con mucha elegancia, incluso brillaban sus bien lustradas botas cortas. Estaba interesado en la democratización argentina. No hizo falta que le preguntase qué estaba escribiendo, una pregunta que aprendí a detestar. Contó espontáneamente que viajaba seguido a Colombia. “Para exprimir a mis padres y sacarles todo lo que pueda de su accidentado noviazgo”, dijo. Hasta me adelantó el título de esa novela: El amor en los tiempos del cólera. “¿Sabes, Marcos? Contra lo que se supone, todo lo que escribo está basado en hechos reales”, agregó.

Inspiré hondo y le descerrajé algo que me burbujeaba en la garganta:

-¿Qué opinas, ya con el paso de los años, sobre El otoño del patriarca?

-Prefiero callarme… Es barroca, experimental. Estaba presionado por el éxito de Cien años de soledad. Por eso abandoné el preciosismo enseguida y volví a la fluidez con Crónica de una muerte anunciada.

Lo miré a los ojos.

-Gabo, esta noche asistirás como invitado de honor al agasajo que le hacen a Raúl Alfonsín. Un verdadero demócrata. ¿No tuviste en cuenta a Fidel Castro al escribir El otoño?? Amas la democracia, admiras a Alfonsín, pero…

-Fidel es un emblema.

-Pero no de la democracia.

-De la revolución.

Entonces, le recordé una anécdota que cuenta su amigo Plinio Apuleyo Mendoza. Viajaban juntos en un auto destartalado por las tristes rutas de Alemania oriental y Gabo se durmió. De súbito, al saltar en un bache, pegó un grito. “¡Qué pasa!”, se sorprendió Plinio. “Tuve una pesadilla”, murmuró Gabo mientras se restregaba las órbitas con furia. “¿Qué pesadilla?” “¡Horrible, horrible! -exclamó Gabo-. ¡Que el socialismo no funciona!”

-Sí, tuve esa pesadilla. Pero fue una pesadilla. Amo a Fidel. Y Mercedes lo ama más aún.

Preferí cambiar de tema. Quizás advirtió que lo contemplaba como a un profeta. En El otoño del patriarca no sólo había ridiculizado, llorado, disecado y enterrado a muchos horribles dictadores del pasado y el presente, sino que había profetizado a quien sería el más longevo y trascendental de todos. Lo pintó antes de ver su decadencia, con los ojos privilegiados de quien perfora las nieblas del futuro.

-Me parece que más que Fidel Castro, te subyuga el poder que tiene. El poder es un motor que ningún gran novelista ignora.

Me tendió la mano y luego nos estrechamos en un abrazo. Quiso la biología que muriera antes el autor y lo sobreviviera el personaje, como pasa con los genios. Ahí está, atrofiándose, el ruinoso patriarca que García Márquez describió hace casi medio siglo con un lenguaje que envidiaría Góngora: encerrado entre sus recuerdos poblados de las aventuras que jalonan una revolución tan ingenua como criminal.

 

ARTICULO DE VARGAS LLOSA SOBRE ESTUDIANTES VENEZOLANOS:

 4 MAY 2014 – 

http://elpais.com/elpais/2014/04/30/opinion/1398870942_469895.html

PIEDRA DE TOQUE

Los estudiantes

La más importante batalla por la libertad se está dando en las calles de Venezuela y no es justo que los jóvenes, que la lideran, no obtengan el apoyo de Gobiernos y organizaciones democráticas

Las palabras también se gastan con el uso. Libertad, democracia, derechos humanos, solidaridad, vienen a nuestros labios a menudo y no quieren decir ya casi nada porque las utilizamos para decir tantas cosas o tan pocas que se desvalorizan y afantasman al extremo de convertirse en meros ruidos. Pero, de pronto, unas circunstancias sociales y políticas las recargan de contenido y de verdad, las impregnan de sentimiento y de razón y es como si resucitaran y expresaran de nuevo el sentir de todo un pueblo.

Es lo que vivo en estos días, en Venezuela, escuchando a dirigentes estudiantiles y líderes de oposición, a hombres y mujeres comunes y corrientes que nunca antes hicieron política y ahora la hacen, jugándose los trabajos, la tranquilidad, la libertad y hasta la vida, impelidos por la conciencia de que, si no hay un sobresalto nacional democrático que lo despierte y movilice, su país se va a la ruina, a una dictadura totalitaria y a la peor catástrofe económica de toda su historia.

Aunque el proceso viene de atrás —las últimas elecciones han visto crecer de manera gradual la oposición al régimen chavista—, el cambio cualitativo tuvo lugar a comienzos de febrero de este año, en San Cristóbal, Estado de Táchira, cuando un intento de violación de una joven en la Universidad de los Andes llevó a los estudiantes a convocar una gran marcha contra la inseguridad, la falta de alimentos, los secuestros, los desmanes de los sicarios y la sistemática restricción de las libertades ciudadanas. El régimen decidió aplicar la mano dura. La Guardia Nacional y las fuerzas paramilitares —individuos armados con pistolas, cuchillos y garrotes, montados en motos y con las caras cubiertas— atacaron a los estudiantes, los golpearon y abalearon, matando a varios de ellos. A las decenas de detenidos los llevaron a cuarteles alejados donde fueron torturados con picanas eléctricas, golpes, sodomizados con palos y fusiles y las muchachas violadas.

La ferocidad represiva resultó contraproducente. La movilización estudiantil se extendió por todo el país y en todas las ciudades y pueblos de Venezuela gigantescas manifestaciones populares expresaron su repudio del régimen y su solidaridad con las víctimas. Por doquier se levantaron barricadas y el país entero pareció vivir un despertar libertario. Los 500 abogados voluntarios que han constituido el Foro Penal Venezolano, para defender a los detenidos y denunciar los asesinatos, desapariciones y torturas, han elaborado un informe que documenta con lujo de detalles el salvajismo con que los herederos del comandante Chávez tratan de hacer frente a esta formidable movilización que ha cambiado la correlación de fuerzas en Venezuela, atrayendo a las filas de la oposición a una inequívoca mayoría de venezolanos.

Maduro fracasará si intenta aplastar el movimiento estudiantil con un baño de sangre

Mi impresión es que este movimiento es indetenible y que, incluso si Maduro y sus cómplices tratan de aplastarlo con un baño de sangre, fracasarán y la matanza solo servirá para acelerar su caída. La libertad ha ganado las calles de la tierra del verdadero Bolívar (no la caricatura que hizo de él el chavismo) y el pregonado “socialismo del siglo veintiuno” está herido de muerte.

Mientras más pronto se vaya, será mejor para Venezuela y para América Latina. La manera como el régimen, en su empeño frenético de colectivizar y estatizar la nación, ha empobrecido y destruido a uno de los países potencialmente más ricos del mundo, quedará como un caso emblemático de los desvaríos a que puede conducir la ceguera ideológica en nuestro tiempo. Además de tener la inflación más alta del mundo, Venezuela es el país de menor crecimiento en todo el continente, el más violento, y en el que la asfixia burocrática se reproduce más rápido al extremo de mantener en la parálisis casi total a la administración pública. El régimen de controles, precios “justos”, intervencionismo estatal, ha vaciado todos los almacenes y mercados de productos, y el mercado negro y el contrabando han alcanzado extremos de vértigo. La corrupción es el único rubro en el que el país progresa a pasos de gigante.

Desconcertado por la movilización popular encabezada por los estudiantes que no consigue aplastar mediante la represión, el Gobierno de Maduro, con la complicidad de los países del Alba, trata de ganar tiempo, abriendo unos diálogos de paz. La oposición ha hecho bien acudiendo a ellos, pero sin desmovilizarse y exigiendo, en prueba de buena fe gubernamental, por lo menos la liberación de los presos políticos, empezando por la de Leopoldo López, a quien, encarcelándolo, ha convertido, según todas las últimas encuestas, junto con María Corina Machado, en el líder político más popular de Venezuela. He conocido a su madre y a su esposa, dos mujeres admirables, que enfrentan con coraje fuera de lo común el hostigamiento de que son víctimas por estar en la vanguardia de la batalla pacífica que da la oposición por impedir la desaparición de los últimos resquicios de libertad que aún quedan en Venezuela.

Pero quisiera subrayar una vez más el papel principalísimo que juegan los estudiantes en la gran gesta libertaria que vive Venezuela. La chavista debe ser la única revolución en su historia que se las arregló para, desde el principio, merecer la hostilidad casi generalizada de los intelectuales, escritores y artistas, así como la de los estudiantes, que, en este caso, dieron mucha más muestra de lucidez y olfato político que, en el pasado, sus congéneres latinoamericanos.

Encarcelar a Leopoldo López le ha convertido en el líder político más popular del país

Es estimulante y rejuvenecedor ver que el idealismo, la generosidad, el desprendimiento, el amor a la verdad, el coraje están tan vivos entre la juventud venezolana. Quienes, frustrados por la inanidad de las luchas políticas en sus países de democracia adocenada y rutinaria, se vuelven cínicos, desprecian la política y optan por la filosofía de “lo peor es lo mejor”, deberían darse una vuelta por las guarimbas venezolanas, por ejemplo, aquella de la avenida Francisco de Miranda, en el centro de Caracas, donde muchachos y muchachas conviven ya desde hace varias semanas, organizando conferencias, debates, seminarios, explicando a los transeúntes sus proyectos y anhelos para la futura Venezuela, cuando la libertad y la legalidad retornen y el país despierte de la pesadilla que vive hace quince años.

Quienes han llegado a la deprimente conclusión de que la política es un quehacer inmundo, de mediocres y ladrones, y que por lo tanto hay que darle la espalda, vengan a Venezuela y, hablando, oyendo y aprendiendo de estos jóvenes, comprobarán que la acción política puede ser también noble y altruista, una manera de enfrentarse a la barbarie y derrotarla, de trabajar por la paz, la convivencia, la justicia y la libertad, sin pegar tiros ni poner bombas, con razones y palabras, como hacen los filósofos y los poetas, y creando cada día gestos, espectáculos, ideas, como hacen los artistas, que conmuevan y eduquen a los otros y los embarquen en la empresa libertaria. Cientos de miles, millones de jóvenes venezolanos están dando en estos días a América Latina y al mundo entero un ejemplo de que nadie debe renunciar a la esperanza, de que un país, no importa cuán profundo sea el abismo en el que la demagogia y la ideología lo han precipitado, siempre puede salir de esa trampa y redimirse.

Algunos de estos jóvenes han pasado ya por la cárcel y sufrido torturas, y algunos de ellos pueden morir, como los cerca de cincuenta compañeros que han perdido ya la vida en manos de los asesinos con capuchas con que pretende acallarlos Maduro. No los silenciarán, pero no es justo que estén tan solos, que los Gobiernos y las organizaciones democráticas no los apoyen y más bien, a veces, hagan causa común con sus verdugos. Porque la más importante batalla por la libertad de nuestros días se da en las calles de Venezuela y tiene un rostro juvenil.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2014.

© Mario Vargas Llosa, 2014.

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El NOMBRE LO INDICA

El nombre de Ucrania significa en eslavo “territorio fronterizo” o “país”, lo cual revela la esencia de la crisis de esta nación desde su separación de la Unión Soviética (URSS) en 1991. Fragmentada entre una población de origen polaca y eslava de lengua ucraniana en el Oeste y una de mayoría rusa en su parte oriental, la actual Ucrania junto a territorios de lo que hoy son Bielorrusia y Rusia fue el primer imperio de eslavos (descendientes de vikingos) en Asia, fundado en el siglo  9. D.C, con el nombre de la ciudad más importante desde entonces: La Rus de Kiev.

Map of Kievan Rus in the 11th Century

En el siglo 13 el extenso imperio mongol conquistó y destruyó al imperio eslavo fragmentándolo en varios principados hasta que de la ciudad de Moscú, en el siglo 14, salió un ejército que logró, gradualmente, expulsar a los mongoles conquistando, como el Gran Ducado de Moscú, a Ucrania y a  Bielorrusia, que dos siglos después pasaron a ser zonas del recién nacido Imperio Ruso en su expansión hacia el Éste y Occidente. En ese periodo y hasta el fin de la I Guerra Mundial, Ucrania, como su nombre lo indica, fue una tierra fronteriza a otras entidades: el Reino Polaco-Lituano, luego una serie de provincias repartidas por poderes regionales asiáticos, y en el siglo 19 otra vez estuvo dividida entre el Imperio Ruso y el Austro-Húngaro (Crimea llegó a estar un tiempo en manos de los Turcos Otomanos).

Mapa sobre los repartos del reino de Polonia

 En 1772 tuvo lugar el primero de los tres llamados repartos del Reino de Polonia con partes de lo que hoy es Bielorusia y Ucrania en tiempos de Catalina la Grande.

 

En 1917 Ucrania se reunificó con regiones en las que se hablaba su idioma y en 1922 fue integrada a la URSS como una de sus repúblicas. En 1939, tras el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin, Alemania ocupó  dos tercios de Polonia y la URSS el otro tercio, territorio que quedo bajo dominio ucraniano hasta la actualidad.

Esta historia de divisiones y unificaciones de un país fronterizo a Europa y Rusia, se traduce en las tensiones de una población que oscila entra estas dos áreas de influencia  que la tienen al borde de una guerra civil, con los agravantes de que Rusia ya demostró que en el nombre de proteger a los ruso parlamentes está dispuesto a invadir regiones del país, y el del fortalecimiento de grupos ultra nacionalistas en la parte occidental, no solo anti-rusos, sino también anti-polacos y anti-semitas.

Ucrania es un país y una frontera que tiene nombre, pero aun busca su apellido.  

 

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