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Archive for 28 noviembre 2015

DE TIMBUKTÚ A BAMAKO

A fines del siglo 19 Timbuktú en Malí, era junto a Lhasa en Tíbet e Iquitos en el Amazonas del Perú, una de las tres ciudades más aisladas del mundo.

Hoy la ciudad del Himalaya, y la amazónica de la selva se han vuelto más comerciales y turísticas mientras Timbuktú, la capital de la región del mismo nombre en el desierto de Sahara se mantiene aislada y desconocida para muchos a pesar de que en el Óscar del 2014 el film “Timbuktú” intentó ponerla en el mapa a raíz de la invasión de una filial de Al Qaeda en 2012 que tomó el control del norte de Malí.

El director de “Timbuktú” mostró como una provincial ciudad con población conservadora musulmana se vio, de repente, afectada por la presencia de extranjeros islamistas radicales que atentaron contra su cultura y cotidianidad (prohibición de la música, de jugar futbol, etc.), hasta el punto que su manera de vivir de acuerdo al Islam fue cuestionada con leyes absurdas, que de infringirse, conducían a brutales castigos.

Timbuktú, la película, y la real, muestra cómo como Al Qaeda (AQ), aliada entonces con milicias de la tribu Tuareg del norte de Malí, es intolerante y violento, incluso con musulmanes muy conservadores víctimas de la mentalidad fanática de islamistas radicales.

(Ver http://peru21.pe/opinion/malienses-y-malevolos-2114235).

Tras la amenaza islamista que sufrió Malí en 2012, su gobierno pidió ayudar a fuerzas militares francesas que obligaron a los Tuareg a firmar un acuerdo de autonomía en el norte del país a condición de separarse de Al Qaeda. Entonces éste grupo islamista juró venganza contra Francia y contra el gobierno de Malí, y la vimos cristalizada la semana pasada con el atentado en el hotel Radisson Blu en la capital, Bamako.

¿Por qué todos somos París y no Beirut, Jelma (Túnez) Tel Aviv, Bamako o Timbuktú?

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PARÍS SIN GLUCKSMANN

Unos días antes de los atentados de París falleció uno de los más connotados intelectuales franceses, André Glucksmann, autor de tres libros que analizan el problema del terrorismo islamista.

En ““Dostoievski en Manhattan” (2002), nos advirtió: “Nosotros viviremos, y nuestros hijos sobrevivirán, en el seno de una historia en la que la explosión de las Torres (Gemelas) ha rehecho el mapa geográfico y trazado el horizonte infranqueable de un crepúsculo terrorista de la humanidad. El 11 de septiembre de 2001 siempre habrá ocurrido. Y hay que aprender a medir nuestras emociones y nuestras decisiones a escala de horror mediático”.

Glucksmann, hombre vinculado a tendencias políticas de izquierda, comprendió luego del 11-S-2001 que la mayoría de los intelectuales, periodistas y políticos franceses no querían renunciar al pensamiento “políticamente correcto” de las mayorías que en el nombre de un pacifismo ingenuo no comprendieron lo que significó esa fecha. En “Occidente contra Occidente” (2003) escribió: “Los terroristas se han arrogado ante el mundo el derecho a matar a quien sea…Ese ‘mal’ que nadie quiere nombrar en nuestros salones posmodernos por miedo a ser tachado de indecente moralista, lo designan los estadounidenses, pues más allá de la moral, recubre realidades muy concretas e hirientes. Al no nombrar el mal, se evita combatirlo…”.

Glucksmann fue un visionario que advirtió a los franceses que Europa, con excepción de Inglaterra, “dormía la siesta” mientras el terrorismo islamista internacional avanzaba y señalo que a pesar de la invasión a Iraq los europeos no podían darse el lujo de dividirse entre ellos y de EEUU ante el desafío de un enemigo común con una ideología de exterminio.

La muerte de Glucksmann pocos días antes de los atentados de París, luce como una metáfora de no haber querido presenciar, en su querida ciudad, que el tiempo le dio la razón.

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PARIS Y LOS TIEMPOS DE REDES

Hace meses el Estado Islámico decretó una guerra contra todos quienes se opongan al establecimiento de un Califato (Imperio) Islámico, que comienza en sus territorios conquistados en Iraq y Siria pero debe extenderse hacia el resto del mundo.

En Septiembre su amenaza fue aún más específica: “”Si podéis matar a un incrédulo estadounidense o europeo -especialmente a los maliciosos y sucios franceses- o a un australiano o canadiense o a cualquier otro (…) ciudadano de los países que ingresaron en una coalición contra el Estado Islámico, entonces confiad en Alá y matadlo por cualquier medio”, declaraba un comunicado supuestamente predicado por su líder Al-Baghdadi.

Al-Baghdadi

¿Por qué sorprenderse con los atentados de la semana pasada en París si desde que este grupo que se escindió de la filial de Al Qaeda en Iraq ha masacrado a decenas de miles de ciudadanos iraquíes y sirios – incluyendo a musulmanes que no cumplen con la versión rígida de su interpretación coránica – y sus células terroristas han matado a centenares de personas en Egipto, Túnez, Kenia, Turquía, Somalia, Kuwait, etc., sin contar los miles de muertos por otros grupos islamistas como Al Qaeda como los de Estados Unidos, Madrid, Londres, Bali, Bombay, Nairobi, etc.?

Si los medios de comunicación occidentales hubiesen dedicado a los anteriores atentados –como el ocurrido en El Líbano un día antes del viernes negro de París (43 muertos y más de 200 heridos) – una cobertura medianamente empática como lo hacemos cuando ocurre en América o Europa; quizá nosotros sentiríamos a Beirut como a Paris, y hubiésemos exigido un “basta” mediático para que se traduzca en acciones políticas en el combate contra el flagelo del islamismo radical, pero nuestros tiempos de redes (terroristas y sociales), provocan una globalización que termina por dirigir nuestra atención a nuestro propio ombligo geográfico-cultural.

El mensaje de fraternidad e igualdad de Francia debe ser igual para cada vida que se extingue por el fanatismo religioso en cualquier parte del planeta.

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LA HORA DE LOS DEMÓCRATAS

A comienzos del 2015, el primer medio de comunicación que reportó con certeza lo que era un secreto a voces desde hace años en Venezuela, la existencia de una mafia político-militar liderada por el cogobernante de Venezuela, Diosdado Cabello, fue el diario ABC de España.

Para ese momento, un miembro de la Casa Militar, Leamsy Salazar, ex custodio de Chávez y de Cabello, negoció con la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York detallar información sobre el llamado Cártel de los Soles, con la que se demostraba que la cúpula gobernante de Venezuela es un narcoestado que asiste y protege rutas de la droga que se dirigen a Estados Unidos.

Según la información de Salazar y otros desertores del chavismo, que investigó el diario ABC y luego otros medios, cinco toneladas de drogas que en un 90% entran a Venezuela por la frontera colombiana a través de las FARC y resguarda por militares chavistas a órdenes de Cabello y bajo complicidad de Maduro monopolizan la mayor industria de narcotráfico del país caribeño.

Desde entonces, información proveída por la DEA y otros reportajes han ido cercando políticamente al Cártel de los Soles hasta el punto que Cabello demandó por difamación a medios venezolanos tan solo por reproducir esa información y los llevó a la quiebra.

La captura de la semana pasada, en Haití, de familiares de la primera dama venezolana involucrados en tráfico de cocaína –quienes ahora deberán otorgar más información para evitar que la Fiscalía de Nueva York pida para ellos la cadena perpetua, va confirmando lo que el régimen chavista ha intentado ocultar sin éxito.

Algunos analistas especulan que hay un enfrentamiento en el chavismo entre grupos contrarios al Cártel de los Soles e incluso, sectores opuestos a estos.

En esta situación, más la crítica de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a las instituciones jurídicas venezolanas por sus sentencias de carácter político, y la carta del secretario de la OEA, Almagro, denunciando que las condiciones para las elecciones parlamentarias de diciembre no son justas ni transparentes.

Ante todo lo anterior, ¿seguirán los jefes de Estado latinoamericanos que se definen como “demócratas” e “incorruptibles” siendo cómplices con la mafia dictatorial que gobierna a Venezuela?

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CHINA SE “REEDUCA”

La existencia de campos de trabajos forzados es común a los sistemas totalitarios del siglo 20 y 21 como los creados por los nazis, llamados “Lagers”, en algunos de los cuales habían también cámaras de gas para exterminar a judíos, gitanos y otras minorías consideradas por ellos como “razas inferiores”; los Gulags de la Unión Soviética, en su mayoría ubicados en la gélida Siberia; y tantos otros como en Corea del Norte en donde hasta hoy son enviados disidentes del régimen, a pesar de que su tiranía lo niegue.

El término “campo de concentración” se utilizó por primera vez en 1898 para referirse a lugares en donde se sometían, a trabajos forzados, malnutrición e incluso, asesinatos, a presos de guerra y rebeldes, y el primero fue creado por españoles en cuba durante su guerra contra Estados Unidos a finales del siglo 19. Desde entonces, los campos de concentración instalados por diferentes imperios o dictaduras han sido desmantelados solo cuando el régimen que los creó colapsó al ser derrotado en una guerra o por implosión del sistema, como en el caso de la ex Unión Soviética.

La decisión tomada en 2013 por el Partido Comunista chino (PCCh) de desmontar estas instalaciones, a las cuales ellos llamaban, eufemísticamente, campos de “reeducación mediante el trabajo”, marcó un precedente histórico, puesto que el mismo régimen que domina a China desde la revolución de Mao Zedong de 1949, acabó con la política del Laogai (en chino, “reforma por el trabajo”) llegó a su fin, con lo cual los delincuentes (con y sin comillas), ya no sufren de trabajos forzados.

Fue el fin de una institución que mató a unos 50 millones de personas durante más de medio siglo.

Recientemente el PCCH anunció que las parejas podrán tener hasta dos hijos acabando con la imposición de la política del hijo único de 1972 para que el aumento del índice de natalidad incremente la fuerza laboral de jóvenes en unos años. Si bien esta decisión se tomó por consideraciones económicas, la erradicación de este decreto pondrá fin a muchos abortos forzados que según el estudio de Steven Mosher, presidente del Instituto de Investigación Poblacional, produjo 400 millones de muertes de bebes. Según informes de la ONU en 2011, unas 160 millones de niñas fueron asesinadas tras el parto o como bebes por ese tipo de políticas en China, Vietnam e India.

China se desprende, lentamente, de tradicionales políticas del totalitarismo aunque falta mucho para que deje de ser un sistema de este tipo, en especial cuando las torturas siguen siendo legales y no reconoce que hay centenares de prisioneros políticos en sus prisiones.

Con una nueva generación de dirigentes que no conoció a la generación de Mao Zedong, China se “reeduca” lentamente a sí misma, en un intento de forzar una liberalización que no se queda solo en la economía.

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