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Archive for 29 octubre 2016

USANZAS DE USA

El columnista del diario El País, John Carlin, “Una farsa basada en una mentira”, acierta en un reciente artículo cuando explica que la contienda electoral más mediática del mundo, la de Estados Unidos (USA), se trata de una competencia para uno de los cargos en el cual, quien gane las elecciones tendrá poco poder comparado al que tienen la mayoría de los jefes de gobierno de las democracias del mundo (en sistemas presidenciales o parlamentarios).

USA es una superpotencia a nivel militar, económico y cultural y seguirá siendo un referente en todo el planeta por largo tiempo. Por supuesto, su presidente tiene un gran peso en asuntos internacionales, sea por acción u omisión; pero en lo que se refiere a las promesas de campaña en asuntos de educación, inversión social y generación de grandes planes a nivel nacional, el ejecutivo de ese país tiene una injerencia muy limitada porque cada uno de los 50 estados disfruta de gran autonomía, por lo cual, las decisiones de sus gobernadores y congresos estatales son mucho más determinante de lo que se decide desde Washington, en el Congreso o en La Casa Blanca.

El aluvión de promesas que suelen hacer los candidatos (en estas elecciones particularmente Trump, por su desconocimiento de política), en su mayoría no pueden ser cumplidas o bien, porque no se pueden imponer a nivel nacional, o bien, porque sin mayoría en el Senado y en la cámara baja del Congreso no se pueden aprobar, o bien porque la Corte Suprema de Justicia Estas limitaciones causan un efecto devastador en los votantes que se sienten defraudados por sus candidatos.

En conclusión, la usanza de la política que hay en USA es la de una sobreestimación del poder del presidente y una baja participación de la población en las elecciones presidenciales por la frustración que causa entre los votantes el desconocimiento del poder limitado del poder ejecutivo en asuntos domésticos.

Si a eso sumamos la feroz división entre demócratas y republicanos para acordar leyes que provengan de la otra bancada en el congreso, en estas elecciones la abstención le conviene a Trump para ganar, e Hillary Clinton debe promover la movilización masiva de sus simpatizantes.

De darse el terrorífico escenario de un megalomano llegando a la presidencia de USA el control de los otros organismos del estado respecto al poder ejecutivo salvaría a la potencia del norte de sus delirios de un esperpento “Chavista-Berlusconiano-Putinesco”.

Excelente caricatura en la cual el autor muestra la devaluación del GOP (Partido Republicano), de Lincoln, su fundador, a Nixon y Trump.

Excelente caricatura en la cual el autor muestra la devaluación del GOP (Partido Republicano), de Lincoln, su fundador, a Nixon y Trump.


EL FASCISMO Y EL POPULISMO PUEDEN SER DE IZQUIERDA Y DE DERECHA.

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INMORTALES E INMORALES

Uno de los riesgos de familiarizarse con noticias es el de toparse con una como ésta: “Un diputado muerto presidirá por unos meses la Asamblea Nacional de Nicaragua”.

Ante la curiosidad de semejante dislate, nos enteramos que el Frente Sandinista (FS), mayoría en el parlamento de la autocracia electoral de Daniel Ortega, quien controla de todos los poderes del estado desde el 2007, decidió que hasta el 10 de enero de 2017 el fallecido titular del legislativo, Rene Nuñez Téllez, siga en funciones.

¿Deberíamos sorprendernos que eso ocurra en una cultura necrófila de izquierda trasnochada como la de los más radicales y oportunistas miembros del FS, cuando tienen una obsesión con la inmortalidad?

Después de todo, ellos conmemoraran, anualmente el aniversario del “tránsito a la inmortalidad” de su idealizado héroe Augusto César Sandino, y gradualmente van agregando a su galería de “inmortales” a otros de sus miembros como al primer presidente de la Asamblea Nacional post-revolucionaria Carlos Núñez Téllez, al ex ministro del Interior Tomás Borge en 2012, y a referentes como Hugo Chávez a quien la primera dama y candidata a la vicepresidencia para seguir cogobernando con Ortega, Rosa Murillo, reconoció como “uno de los muertos que no mueren”.

¿Es la inmortalidad una obsesión impuesta en Nicaragua por la “compañera Murillo”, conocida por su religión sincrética que combina al catolicismo con prácticas esotéricas (incluyendo la brujería) y velas al “Santo” Sandino o es parte del comunismo antiguo que ha endiosado al “padrecito” Stalin, al “comandante pacifista” (¡que oxímoron!) Che Guevara, a la dinastía “divina” norcoreana, etc?

Que nos ayuden a entender escritores surrealista o el autor de “La Inmortalidad” Milan Kundera.

Si así fueran los fundamentalistas religiosos e ideológicos el mundo estaría mejor.

Si así fueran los fundamentalistas religiosos e ideológicos el mundo estaría mejor.

A PROPO DEL TEMA, UN ARTÍCULO QUE PUBLIQUÉ HACE UNOS AÑOS SOBRE EL TEMA DE LA INMORTALIDAD:

https://arielsegal.wordpress.com/2011/05/06/frivolidad-anacronica-y-perversidad-cronica/

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NOBELES PARA LA OCASIÓN

Desde que el sueco Alfred Nobel, inventor de la dinamita y propietario de una empresa de hierro y acero que fomentó la fabricación de armamentos, se arrepintió por el uso bélico que se le dio a sus productos y patentes, el inventor instruyó en su herencia que el dinero de su fortuna se utilizara para premiar a personas e instituciones que colaboraran con el progreso de las ciencias y de la paz. De ahí, que a comienzos del siglo 20 se crearon dos Comités Nobel: el de Suecia, para ciencias y literatura, y el de Noruega – país que había sido enemigo de la patria de Nobel),- para el galardón de la Paz.

El Nobel de la paz se ha entregado desde 1901 bajo diferentes criterios.

-Premiar esfuerzos a quienes dedican sus vidas a causas humanitarias: a Jean Henri Durrant, fundador de La Cruz Roja Internacional en 1901(fotografía junto a otros Nobeles más adelante); al Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados en 1954; a la Organización Internacional del Trabajo en 1969; a la ONG Amnistía Internacional en 1977, a la Madre Teresa de Calcuta en 1975; a la guatemalteca Rigoberta Manchú por su lucha por los derechos de minorías indígenas en 1992, al sobreviviente del Holocausto Elie Wiesel en 1986; a la adolescente paquistaní Malala Yousafzai por su empeño por la educación infantil vs el fanatismo religioso en 2014, etc.

En 2011 la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, la también liberiana Leymah Gbowee y la yemení Tawakkul Karman ganaron el Nobel de la Paz por contribuir, cada una a su manera, a mejorar las condiciones de mujeres en sus respectivos paises.

-Premiar a mediadores de conflictos ajenos a sus países: al presidente de EEUU Woodrow Wilson, fundador de la Sociedad de las Naciones, en 1919; a Carlos Saavedra Lamas, canciller argentino, quien medió en un conflicto entre Paraguay y Bolivia, en 1936; a Oscar Arias, presidente de Costa Rica que lideró el acuerdo de paz firmado por las partes del conflicto civil de Guatemala, en 1987, etc.

-Premiar a luchadores por los Derechos Humanos, en especial, a aquellos cuyas vidas o libertad han estado en peligro en lo que podríamos llamar “un Nobel para proteger”: a presos políticos como Carl von Ossietzky, periodista crítico de los Nazis, en 1935; a Alfred John Lutili, presidente del partido Congreso Nacional de Sudáfrica por su lucha contra el Apartheid en 1951; a Martin Luther King en 1964; al científico ruso Andrei Sakharov en 1975; al sindicalista polaco Lech Walesa en 1983; a ex presa política quien luchó por la democracia en Myanmar y hoy es parlamentaria, , Aung San Suu Kyi Myamar, en 1979; al disidente chino aun preso, Lu Xiaobo, en 2010; etc.

[caption width="470" align="alignnone"] Algunos Nobeles: la nor-irlandesa Betty Williams, a la derecha, lo recibió junto a su compatriota Mairead Corrigan “sus luchas pacíficas en el proceso de de reconciliación en su país mediante la fundación del “Movimiento para la Paz de Irlanda del Norte”.

-Premiar a protagonistas de acuerdos de paz en cargos políticos: al presidente egipcio Sadat y al Primer Ministro israelí Begin por la paz entre ambos países en 1978; al gran líder Nelson Mandela y al presidente de Sudáfrica Frederik de Klerk por el acuerdo para poner fin al sistema de Apartheid, en 1993; al dirigente palestino Arafat y al Primer Ministro de Israel, Rabin, junto a su canciller Peres, por los Acuerdos de Oslo en un intento de fomentar un proceso de paz, en 1993.

A Ramos Horta, líder de la resistencia de Timor Oriental y al obispo Ximenes Belo, por el acuerdo para que ese país se independizase totalmente de Indonesia, en 1996; a John Hume, político laborista de Irlanda del Norte quien junto al conservador David Trimble, primer ministro de ese país pusieron fin al largo conflicto entre protestantes y católicos en ese país, en 1998; y ahora a Juan Manuel Santos por el acuerdo con las FARC en Colombia.

Hay también una categoría que yo llamaría los Nobel de la Paz del “por si acaso”, como el polémico que le otorgaron a Henry Kissinger junto al Le Duc Thou, – líder político de Vietnam del Norte -por un acuerdo que buscaba la reunificación de esa nación dividida, y que se entregó en 1973 aunque aún no había tregua ni paz (razón por la cual el vietnamita rechazó recibir el galardón).

Entra en esta categoría también el que recibió Obama apenas comenzó su primera gestión, en el 2009 cuando aún no había hecho ninguna política que lo justificara y quizá lo forzó a mucho de lo que hasta hoy ha sido su política exterior.

Quizá, el Nobel a J.M. Santos, se encuentra entre las categorías del protagonista de un conflicto que lucha por la paz y el del “por si acaso” para presionarlo a que haga más caso al peso de la comunidad internacional que al de la voz de la mayoría de los colombianos expresado en el plebiscito que él mismo forjó en condiciones muy privilegiadas para ganarlo.

Si se da ese caso, Santos hará un grave error.

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EL PROFETA SHIMON

Uno de los legados de la historia judía es el de los profetas a quienes, erróneamente, muchos asocian con adivinadores del futuro, pero en realidad su función en la antigüedad era la de predicar contra las injusticias e incumplimientos de la ley confrontando a reyes, sacerdotes, poderosos y a veces, a gente humilde, para que retornaran al camino de la moralidad. De resto, sus advertencias sobre el futuro eran sabios análisis políticos de lo que ocurriría si la sociedad no superaba sus vicios y sus dirigentes sus prioridades (servir al pueblo y no al ego)

“El efecto Natán”. Pintura de Chagall sobre el profeta Natán reprochando al Rey David por enviar al esposo de Betasabe a morir al frente de batalla para desposarla.

Shimon Peres, dos veces ex primer ministro israelí, ex presidente y servidor público que trabajo desde la creación del Estado de Israel, en 1948, en varios cargos vinculados a la defensa, las finanzas y la diplomacia, fue el último estadista de la generación de los fundadores del país. Fue él quien como canciller convenció al Primer Ministro Izhak Rabin a arriesgarse a entablar los Acuerdos de Oslo para firmar la paz con la la Organización para la Liberación de Palestina, en 1993 y luego extender sus alcances en 1995, y también fue el gestor de la paz entre Israel y Jordania en 1994.

Firma de Oslo I en los jardínes de la Casa Blanca.

Firma de Oslo I en los jardínes de la Casa Blanca.

La combinación del estratega Rabin y el soñador Peres cambió la percepción entre palestinos e israelíes de reconocerse mutuamente con derechos a un estado para cada pueblo más allá de que los extremistas de lado y lado no han permitido que “Oslo” se concrete en una realidad.

Peres con el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas.

Peres con el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas.

Peres, el profeta, advirtió a los israelíes, desde la década de 1980s, que su país no podía ni debía extender su presencia militar en Cisjordania, conquistada a Jordania, y Gaza, tomada a Egipto, en la Guerra de los Seis Días (1967), porque no era saludable para la democracia israelí y no era moral con respecto a los árabes que viven en ese territorio. En ese entonces propuso la creación de un Confederación Jordana-Palestina y luego, ante la negativa del partido Likud de aceptar esa propuesta, propuso la creación de la Autonomía Palestina que se firmó en Oslo, que de funcionar, conduciría a un estado soberano para los palestinos.

Dos grandes de la paz: Peres y Mandela.

Dos grandes de la paz: Peres y Mandela.

Algunos detractores de Peres prefieren detenerse en su época de éxitos como asesor de defensa del primer Primer Ministro de Israel David Ben Gurion, cuando fue encargado de estructurar al ejército israelí; negoció clandestinamente el proyecto nuclear israelí con Francia o años después, entre 1974 al 77, cuando fue Ministro de Defensa en el primer gobierno de Rabin.

David Ben Gurion, el hombre que hizo del entonces Shimon Peres uno de sus discípulos favoritos.

David Ben Gurion, el hombre que hizo del entonces Shimon Peres uno de sus discípulos favoritos.

Sin embargo, al igual que Rabin y Sharon, se les debe juzgar por el vuelco y los riesgos que asumieron por la paz a pesar de conocer la guerra y el terrorismo cuando Israel no era militarmente fuerte como en las últimas dos décadas.

Ariel Sharon e Izhak Rabin, dos ex militares que al convertirse en Primer Ministro se comportaron como estadistas. Sharon sacó al ejército israelí y a 16 mil colones de la Franja de Gaza.

Ariel Sharon e Izhak Rabin, dos ex militares que al convertirse en Primer Ministro se comportaron como estadistas. Sharon sacó al ejército israelí y a 16 mil colones de la Franja de Gaza.

Análisis, autocrítica y predicción, basadas en la realidad y la moral, es lo que caracterizaba al estadista Shimon Peres, quien decía y hacía lo que consideraba correcto y no lo popular, pues él tenía muy claro lo que expresó: “La historia judía está desprovista de todo deseo de dominar a otro pueblo. Pienso que lo que ocurre ahora es una desviación de esto. Todos los pueblos que nos dominaron quedaron borrados del escenario de la historia. Somos los únicos que nunca conquistamos a nadie y por eso prevalecimos”.

Advertencia de profeta.

LOS NOVENTA DE PERES:

ESCRITOR AMOS OZ EN FUNERAL DE PERES:

ARTÍCULO IN MEMORIAN DEL ESCRITOR DAVID GROSSMAN:

In memoriam Simón Peres
Peres creía firmemente que orientarse al futuro generaba una energía que permitía superar los obstáculos del pasado y del presente
David Grossman- 30-10-16

Hace 18 años, la televisión israelí produjo un documental sobre las distintas etapas de su vida, y Simón Peres me propuso que lo acompañase a Vishneva, su pueblo natal en Bielorrusia. Entramos en una casa rústica de madera, no demasiado grande. En el espacioso patio cacareaban las gallinas. Aunque le habían advertido que no bebiese del pozo (“Chernóbil ha envenenado nuestras tierras”, explicaban los lugareños), Peres bajó con sus propias manos el cubo enganchado a una cadena, lo volvió a sacar, llenó un vaso de metal y bebió entusiasmado el agua de su infancia. Cuando me contó que, a los ocho años, había destrozado la radio de su padre porque este la encendía el sabbat, le pregunté si su padre le había pegado alguna vez. “A mí nunca me ha pegado nadie”, fue su respuesta. Algo en su tono de voz despertó mi curiosidad. “¿Nadie?”, insistí yo. “¿Nunca? ¿Ni una pelea en el colegio o jugando?”. “Nadie. Jamás. No me han pegado y yo nunca he pegado”. Peres no conoce lo que casi todo el mundo ha experimentado alguna vez en carne propia, en especial los jóvenes, pensé entonces. ¿Podría ser esto una clave –una de las muchas– de su manera de ser, de su forma de relacionarse con el mundo? ¿Por eso acabó siendo un excluido, una persona permanentemente rodeada de un cierto aislamiento?
Y no es que Simón Peres no se mezclase en los asuntos del mundo. Estaba metido hasta las cejas y participaba activamente y con iniciativa en innumerables temas. Se involucraba con desenfreno en las intrigas de la política interior, estaba ávido de acción, ansioso por cambiar el mundo, y, a pesar de todo, siempre parecía en cierto modo aislado. Tenía perspectiva –histórica, fiel a unos principios, abstracta–, y dominaba el análisis de los procesos trascendentales. En eso era brillante. Sin embargo, para las cosas pequeñas que componen la realidad, le faltaba talento y también paciencia.
“El fin de una era”, decían ayer algunas necrologías. Lo decían incluso las de los políticos de derechas que le complicaron la vida y se burlaron de su “visión pacifista”. Pero, en realidad, la era de Simón Peres y de su visión ya había llegado a su fin a mediados de la década de 1990, cuando Isaac Rabin fue asesinado. De hecho, había terminado incluso antes, cuando se malograron los Acuerdos de Oslo que Peres, siendo ministro de Asuntos Exteriores, había hilvanado de cualquier manera a espaldas del entonces primer ministro Isaac Rabin.
El fracaso de los acuerdos y la oleada de violencia que estalló acto seguido provocaron en la mayoría de mis compatriotas la sensación de que Israel había cometido un error fatal al dejarse arrastrar para que confiara en Arafat y los palestinos. Para la mayor parte de la opinión pública israelí, Peres no tenía menos responsabilidad que Rabin en el curso de los acontecimientos. “Criminales de Oslo”, les gritaban los manifestantes de derechas, y afirmaban que sobre la conciencia de ambos pesaba el millar de israelíes muertos en la espiral terrorista que siguió al naufragio de las resoluciones. (Como si, en el caso de que los Acuerdos de Oslo no se hubiesen firmado, los palestinos se hubiesen sometido con docilidad y sin resistencia a la ocupación israelí hasta el fin de los tiempos).
Posiblemente, en aquellos años, el odio por Peres nació del hecho de que, con su elocuencia, con su talento poco común para infundir esperanza, para abrir una ventana al futuro, lograse transmitir a los israelíes desconfiados y marcados por la guerra, aunque solo fuese de forma pasajera y en contra de su instinto, fe en que también para ellos había la variante existencial de otra vida en paz. Mientras nos dejábamos arrastrar por el visionario Simón Peres hacia la idea de un “nuevo Oriente Próximo” concebida por él mismo, los israelíes sentíamos que habíamos burlado nuestro destino marcado por la guerra y las catástrofes; un destino grabado a fuego a lo largo de nuestra trágica historia. Y cuando los Acuerdos de Oslo fracasaron y se frustró la esperanza que, aunque fuese por un instante, nos habíamos permitido, no se pudo perdonar a Peres.
Mientras nos dejábamos arrastrar por el visionario Simón Peres hacia la idea de un “nuevo Oriente Próximo” concebida por él mismo, los israelíes sentíamos que habíamos burlado nuestro destino marcado por la guerra y las catástrofes
Simón Peres era un hombre orientado enteramente al futuro. Mientras el Estado se hundía cada vez más en un relato genealógico de índole religiosa, él pertenecía a aquellos que se entregaban a lo universal, a la ciencia, a la racionalidad, a la democracia y al conocimiento libre; a quienes se catapultaban como un ancla hacia una utopía lejana, aún invisible y, a continuación, se afanaban con todas sus fuerzas en alcanzarla. Peres creía firmemente que orientarse al futuro generaba una energía que permitía superar los obstáculos del pasado y del presente, ahuyentando así la resignación y la apatía que padece actualmente la sociedad israelí.
He aquí un ejemplo del pensamiento y el modo de proceder peresiano: “Fui a ver a Putin”, me contaba cuando ya estaba cerca de los 90, “y le dije lo siguiente: dentro de un año acaba el control de Egipto sobre el Nilo; expira el acuerdo histórico con Gran Bretaña y Francia. Etiopía ya está reclamando el agua y puede haber peligro de guerra. Vayamos los dos a ver a Mursi (el entonces presidente egipcio) y hagámosle una propuesta: nosotros, los israelíes, podríamos proporcionar a los egipcios un Nilo tres veces mayor. Tenemos los medios técnicos para duplicar el caudal de agua de su país. A mí”, proseguía Peres, “Morsi no me escucharía, pero seguro que a usted sí, señor Putin. No utilizaremos la política. La política está caduca. Lo haremos por medio de las grandes empresas, ya que son ellas las que gobiernan el mundo hoy en día”.
Así pensó y actuó Peres toda su vida. Consideraba que el (opresivo, trivial) presente no era más que un impedimento efímero por el cual no había que dejarse detener de ninguna manera. Para él, la resignación no era una opción. La política pasiva de Netanyahu y su rechazo a reemprender las negociaciones israelí-palestinas lo enfurecían, contradecían su código genético, que lo impulsaba sin cesar hacia iniciativas impetuosamente creativas. En nuestras conversaciones ocasionales yo percibía con nitidez lo que Peres ocultaba en público tras su inagotable optimismo: la profunda preocupación que le producían el nacionalismo, el fanatismo y el marasmo político de Israel. Sabía –y no se resignó a ello ni siquiera en sus últimos momentos– que en su país estaba germinando una realidad catastrófica para ambos pueblos, y que él, el propio Simón Peres, pertenecía al bando derrotado por la historia.
Era un hombre contradictorio. El joven que soñaba con ser “pastor de ovejas y poeta de las estrellas” se convirtió en líder de un país entregado la mayor parte del tiempo a la guerra y el derramamiento de sangre. Durante años se negó a reconocer que la creación de un Estado palestino fuese la solución al conflicto, y apoyó los inicios de la política de asentamientos en los territorios ocupados. Más tarde se convirtió en un estadista que simbolizó como ningún otro la disposición al compromiso y el esfuerzo por lograr una paz histórica con los palestinos. En la batalla contra sus adversarios políticos se manifestó como un manipulador sin restricciones, lo cual, no obstante, delataba en él–y nadie podía sustraerse a ese influjo– auténtica grandeza. Era un amante de la cultura y un defensor convencido de los derechos humanos, pero sobre su conciencia pesaba la muerte de más de un centenar de refugiados que en 1995 perdieron la vida en Líbano cuando Israel bombardeó la población de Kafar Kanna.
En los próximos días intentaremos seguir ahondando en el fondo de su personalidad. Tal vez justamente aquello que hacía de Simón Peres una persona tan compleja y fascinante fue lo mismo que motivó que los israelíes dejasen de elegirlo para ocupar altos cargos. Fue derrotado una y otra vez en las elecciones y se quedó con la etiqueta del eterno perdedor. Durante años libró incansablemente una desagradable batalla contra Isaac Rabin, preferido por el pueblo y (solo en apariencia) más franco y fácil de descifrar. Tal vez a su compleja personalidad se deba no solo que Peres perdiese las elecciones, sino también que se viese privado de algo que a otros políticos menos capaces sí les ha cabido en suerte: el afecto de la multitud.
Desde el mismo comienzo de su carrera política, Peres fue sin duda un hombre importante, pero no por ello querido. No era, sencillamente, uno más, alguien que pudiese apelar directamente al corazón de los israelíes, o, mejor dicho, a sus vísceras. Por eso los años como presidente le hicieron tanto bien, ya que, estando en el cargo –así lo sentía él–, fluyó por primera vez hacia su persona el afecto de la mayoría de la población israelí; en él le abrieron por fin su corazón también aquellos que hasta entonces habían visto en él al excéntrico visionario y, en más de una ocasión, incluso al traidor.
Así es como yo lo recordaré: una tarde lo llamé por teléfono al despacho presidencial para convencerlo de una idea que pensaba que le podía interesar. “¿Y por qué por teléfono?”, me preguntó. “¿Está libre esta noche? Pues entonces, pásese a cenar”.
El palacio presidencial estaba medio a oscuras, y, entre sus jóvenes guardaespaldas, Peres parecía viejo y solo. Cuando entré en su despacho, se irguió, la vida iluminó su mirada, y se entregó inmediatamente a un monólogo sobre los Gobiernos actuales de todo el mundo, demasiado débiles como para resolver ni uno solo de los problemas vitales en materia de economía y seguridad. Luego habló de un proyecto científico, el Centro Peres para la Paz, que trabajaba en los últimos avances médicos: “Pronto tomaremos los medicamentos a través de la fruta. En ella habrá de todo, desde remedios para el dolor de cabeza hasta píldoras contra el envejecimiento”. Luego pasó a la nanotecnología, uno de sus temas favoritos, y me pintó el escenario de la guerra del futuro, sobre el cual volarían “avispas” electrónicas dirigidas por control remoto. Asimismo se refirió “a los mayores enemigos de la democracia en el mundo árabe: los maridos que niegan a sus esposas la igualdad de derechos”, y de los cinco libros que estaba leyendo al mismo tiempo, uno de ellos Cincuenta sombras de Grey (“La lectura me ha aburrido. Nada de creatividad, nada de auténtico erotismo”).
La cena fue sencilla, como en los días del kibutz: tortilla de setas, ensalada de verduras picadas con queso, unos cuencos de requesón, pan de comino y un vaso de vino tinto. Peres habló y se rió. Recordó el histórico encuentro entre Ben Gurión y De Gaulle, en el que él estuvo presente. Yo lo observaba. Desde que lo conocí personalmente, sentía por él profundo respeto y admiración. Precisamente sus contradicciones lo convertían para mí en un ser humano conmovedor y fascinante. Esta persona ha visto pasar casi un siglo y, a su manera, le ha dejado su impronta, pensaba. Solo algunos han tenido el privilegio de vivir una vida tan plena y apasionante. Se lo dije. Hizo un gesto quitándole importancia y, riendo, respondió: “¡Pues no he hecho más que empezar!” Durante un instante lo vi feliz, tanto como si creyese en sus propias palabras.

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¿CRÓNICA DE UN “SÍ” ANUNCIADO?

“¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”.
Esta es la pregunta del plebiscito del 2 de octubre para los colombianos expresen si se decantan o no con el tratado entre el gobierno y las FARC para un cese de hostilidades y la inserción de la guerrilla a la política activa de ese país.

La pregunta del plebiscito no requiere del SÍ de la mayoría de los colombianos pues basta con que más gente vote a favor que en contra del acuerdo de un “universo” de solo el 13% de votantes inscritos en el registro electoral, cuestión validada por la Corte Constitucional (CC).

Esto ha sido cuestionado por los partidarios del NO puesto solo se requiere el voto de 4,5 de un total de casi 35 millones de colombianos. Según expertos en asuntos electorales cuando el umbral de un plebiscito sobre un asunto de estado es bajo las mayorías se inclinan por la abstención para no asumir la responsabilidad de una delicada decisión de compleja compresión y ejecución.

Alvaro Uribe, principal promotor del NO.

Alvaro Uribe, principal promotor del NO.

La CC también ratificó que el carácter vinculante del plebiscito SOLO atañe al presidente, lo cual implica que de no ser refrendado, el congreso o un futuro presidente podrían incorporar aspectos del acuerdo como leyes sin rango constitucional.

Santos ha buscado una fórmula que facilite la victoria del SÍ tratando de evitar la experiencia del acuerdo entre el gobierno y la guerrilla de Guatemala que en 1999 propuso varias preguntas complicadas a refrendar y el NO se impuso con la participación de solo el 18% de los votantes del padrón electoral.

Dos visiones y egos frente al proceso de paz. De la web de la revista Semana: http://www.semana.com/nacion/articulo/plebiscito-por-la-paz-votos-politica/452325-3

Dos visiones y egos frente al proceso de paz. De la web de la revista Semana: http://www.semana.com/nacion/articulo/plebiscito-por-la-paz-votos-politica/452325-3

Tambièn, una sola pregunta genérica favorece al gobierno con el agregado de que un acuerdo ya consagrado con la participación de importantes mandatarios invitados del exterior, el martes en Cartagena, casi se asegura la crónica de un SÍ anunciado. (¿Es apropiado firmar antes de refrendar? ¿Es lo lógico o o es manipulación? Este asunto ha sido muy debatido por los actores políticos y mediáticos de Colombia)

Después de todo se trata de la Colombia de Gabo.

DEBATE ENTRE SENADORES CLAUDIA LÓPEZ Y ÁLVARO URIBE

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