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La conflictiva situación de Venezuela casi no da espacio periodístico para abordarla en toda su complejidad, pero julio ha resultado ser un mes determinante para su futuro desde que el régimen Chavista-Madurista-Castrista decidió que a fin de mes se realice una votación inconstitucional para elegir candidatos a una asamblea constituyente.

Estas elecciones se han manipulado para ganarlo con un sistema selectivo y manipulado, no de voto universal, que por supuesto será realizado por el “ministerio de elecciones” del gobierno (el Consejo Electoral) que sigue órdenes para ejecutar esta farsa que otorgará “sustento legal” al chavismo para perpetuar la dictadura.

La oposición democrática, movilizada en resistencia civil, planteó entonces, para el 15 de julio, un referéndum simbólico para demostrar que la dictadura no tiene apoyo popular para reformar la constitución ni para seguir gobernando. El régimen ha reaccionado ante a esta decisión con más crueldad, represión y terrorismo de estado.

Comparto una triste reflexión de mi amigo Henry, que sobrevive en Venezuela, escrito el día que el país conmemora la declaración de independencia:

“5 de Julio. Un día triste para el país. Hoy las FANB (Fuerzas Armadas) exhibirán su arsenal de guerra que está siendo utilizado contra los jóvenes más valientes del país. Aquellos que le meten el pecho a las balas, que han dejado la vida, la esperanza y la felicidad en el asfalto. Los militares que no se pronuncian en contra de los atropellos y violaciones de los Derechos Humanos, son cómplices y soportes del régimen. Es un día triste porque tenemos el gobernante más incapaz del planeta y como pueblo, como nación no hemos sido capaces de expulsarlo del poder. Es un día triste porque aquí, en Venezuela, todo está sobrevaluado menos, ¡LA VIDA!”.


EL 5 DE JULIO PARAMILITARES ENTRARON AL PARLAMENTO Y AGREDIERON A VARIOS DE SUS MIEMBROS

QATAR NO QUIERE ACATAR

Ya pasan tres semanas desde que siete países árabes rompieron relaciones con Qatar: la potencia teocrática sunita del Golfo Pérsico, Arabia Saudí y dos monarquías vecinas del mismo tipo de régimen que siguen sus directrices, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin; Egipto; las distantes islas Maldivas, y dos gobiernos sin mayor poder en su territorio por severas guerras civiles: Libia y Yemen.

Inicialmente, la excusa de apoyo al terrorismo que adujeron los saudíes para aislar a Qatar, que comparte la misma doctrina radical del Islam surgida en el siglo 18 en la Península Arábiga, el wahabismo, no resiste mayor fundamento ya que Arabia Saudí continúa propagando esta interpretación islámica a varios países del mundo. La monarquía fundamentalista saudí no tiene la autoridad moral para denunciar a los qataríes de semejante acusación.

Ahora que Kuwait actúa como mediador del conflicto, se hacen claras en una lista de trece demandas exigidas a Qatar, las principales motivaciones para acorralar a este pequeño pero rico país:

-Arabia Saudí, como el gran poder sunita de la región, exige que Qatar minimice sus buenas relaciones con Irán, la potencia chiíta con la que cortó relaciones en enero de 2016, sobre todo, aquellos proyectos petroleros conjuntos entre los qataríes y los persas.

-Ni los saudíes ni los egipcios, como potencias árabes del Medio Oriente, les gusta que Qatar haya negociado con Turquía, país no árabe, un proyecto para una base militar de ese país en su territorio. Exigen anular ese acuerdo.

-Los países del Golfo demandan el cierre de la cadena de noticias en árabe Al Jazeera porque su cobertura debilita a gobiernos tiranos basados en la religión o, como Egipto, dictaduras militares represivas.


TRAILER DE DOCUMENTAL SOBRE AL JAZEERA

Los saudíes quieren que Qatar vuelva a acatar a sus monarcas como el emirato vasallo de antaño.

NACIÓN DE CANCILLERES

En Alemania, al primer ministro lo llaman canciller y hace poco falleció aquel a quien le tocó el honor, pero también la dificultad, del proceso de reunificación de su país dividido en dos bloque ideológicos desde 1945 hasta 1990: el canciller social-cristiano Helmut Kohl.

El hombre que dominó la política germana durante casi dos décadas y quien imprimió también un sello en la consolidación de la Unión Europea, es uno de varios jefes de gobierno de un país que desde el fin de la II Guerra Mundial ha “producido” a grandes líderes que no han rehuido a los grandes desafíos de la historia como su sucesora de partido y luego de gobierno Angela Merkel.

Al estadista Konrad Adenauer, en el poder desde 1949 hasta 1963, le correspondió reconstruir a Alemania Occidental, transformando al país en una nación ejemplar, lidiando con los “fantasmas” de su pasado nazi y con el delicado equilibrio de conflictos de la “Guerra Fría”, sobre todo en Berlín occidental, de la vecina comunista Alemania Oriental.

Fundador del partido de Kohl y Merkel, Adenauer el impulsor del llamado “milagro alemán” fue tambièn el arquitecto del sistema descentralizado de la actual República Alemana. Tambièn Adenauer junto al primer ministro de Israel, David Ben Gurión, lograron normalizar la relación entre sus pueblos a pesar de las cicatrices del Holocausto.

Churchill y Adenauer.

Alemania también aportó otros grandes cancilleres como el visionario Willy Brandt (1969- 74) con su “Ostpolitik” (acercamiento hacia el bloque comunista para disminuir tensiones con países del bloque comunista) y Helmut Schmidt (1974-1983), quien tuvo un importante rol en fortalecer al parlamento de la Unión Europea.

Es buen momento para apreciar a una nación que ha dado a grandes cancilleres que borraron el recuerdo de Hitler en ese cargo, sobre todo, en momentos cuando la política está tan desprestigiada en el mundo.

MAY ON JUNE

Theresa May tuvo un mal mes de junio. La Primer Ministro de Reino Unido (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) decidió convocar a elecciones parlamentarias confiando en que obtendría más escaños que David Cameron quien renunció a ese cargo tras fracasar en impedir el Brexit en el referéndum del año pasado.

Cameron y May.

May fue elegida por el Partido Conservador (PC) para sustituir a Cameron pero no pudo sostener la mayoría absoluta conservadora que le legó su antecesor en la cámara de los comunes. Ahora el PC depende de una alianza con el Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte (DUP) para seguir gobernando.

¿Por qué May se arriesgó a apostar a una elección innecesaria?

Ella quería ostentar un mandato propio y no heredado, para negociar el retiro de Reino Unido de la Unión Europea (UE). May confió en algo tan efímero como la popularidad ya que las encuestas le daban una votación abrumadora al PC, pero las tendencias cambiaron y ahora debilitó a su partido oxigenando a su rival laborista, Jeremy Corbyn, a quien buena parte de los miembros del PC querían expectorar por su excesivo populismo.

May ganó perdiendo y muchos plantean que esta es una buena oportunidad para replantearse el Brexit. Su probable aliado de gobierno, el DUP, es un partido protestante, muy conservador, que apoyó el Brexit, aunque se niega a mayores cambios fronterizos con la sureña vecina República de Irlanda, miembro de la UE. ¿Podrá éste factor irlandés, junto a los conservadores pro-UE y la gente joven que se abstuvo en el referéndum del Brexit para luego lamentarlo, convencer a ella y al DUP de convocar a una nueva votación para saber que quieren los británicos sobre su relación con la UE?

Arlene Foster, lideresa del DUP junto a Theresa May.

May tiene pocos días para contestar a esta interrogante.

¿EL CAMELLO NEGRO?

En su visita a Arabia Saudí Donald Trump se dirigió a más de 50 líderes de países con regímenes sunitas (la rama del Islam compartida por casi el 90% de los musulmanes del mundo), promoviendo que sus gobiernos luchen contra grupos islamistas radicales en su países y forjando una alianza contra el régimen fundamentalista chiíta de Irán (la nación con mayor población de esta segunda mayoría corriente del Islam), y sus aliados, Hezbollah – el movimiento político y guerrillero chiíta del Líbano – y la dictadura laica de Siria dominada por Bashar al Assad.

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Este vínculo Irán-Siria no se da por razones religiosas pues al-Assad y la mayoría de los funcionarios de su régimen son de otra minoría del Islam (ni sunita ni chiíta) llamada alauita que representa solo al 12 o 13% de la población de Siria en donde predominan los sunitas.

Irán y Siria comparten intereses comunes en la lucha por la hegemonía del Medio Oriente vs las monarquías sunitas teocráticas del Golfo Pérsico (Arabia Saudí, Qatar. Emiratos Árabes Unidos, etc.), y junto a Hezbollah comparten una postura común hostil contra Israel.

Trump, a diferencia de Obama, se decanta por a un bando del Islam sobre el otro, sin importarle que en esa alianza se encuentran regímenes con visiones fundamentalistas islámicas muy retrogradas como el wahabismo (o salafismo) fundada en la propia Arabia en el siglo 18 y sus vecinas monarquías del Golfo Pérsico. Esta coalición también la integran férreas dictaduras como la egipcia, la turca, la mauritana,etc; y autocracias electorales con gran población extremista como las de Pakistán, Afganistán, etc.

Se marchó Trump de Arabia Saudí y esa alianza se descalabró al poco tiempo cuando Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Yemen, Libia, las Maldivas (una nación insular en el océano Índico, encabezadas por los saudíes y rompieron relaciones con Qatar acusando a ese país de “apoyar al terrorismo”.

¿Por qué, repentinamente, se convierte Qatar en “el camello negro” de la familia sunita? Acusan éstos países a Qatar de albergar a otro grupo islamista fundado en Egipto en 1928, La Hermandad Musulmana aunque ésta no parezca una excusa creíble pues este grupo no representa un peligro para las monarquías del Golfo Pérsico desde que fue derrocado del poder en Egipto por la actual dictadura del general Al-Sisi.

¿Será la verdadera razón de esta crisis la molestia de la dinastía saudí de las políticas independientes qatarí que la desafían como la potencia sunita en la zona? ¿Si es cierto que Qatar sigue financiando al movimiento islamista palestino Hamas, y el resto de las naciones árabes del Medio Oriente se distanciaron de este grupo creado a imagen y semejanza de la Hermandad Musulmana, como se explica que la pequeña Qatar sea uno de los países del Medio Oriente con mejores relaciones comerciales (si bien no diplomáticas) con Israel?

¿Será, en este contexto, que los árabes sunitas no aceptan la ambivalencia de Qatar en sus relaciones con Irán porque mientras participan en la coalición de países del Golfo contra grupos pro-iraníes en Yemen, Iraq y Siria al mismo tiempo desarrollan grandes negocios petroleros con la gran potencia persa?

¿Estará la administración Trump involucrada en esta situación?

Es prematuro llegar a conclusiones pero es razonable especular que la excusa del apoyo al terrorismo por parte de Qatar no sea la causal o no la única razón de esta crisis.

La OEA fue creada en 1948 y en 2001 estableció La Carta Interamericana Democrática que tiene como objetivo preservar este sistema en todos sus estados miembros. La Carta Democrática fue firmada el 11 de septiembre de 2001 (el mismo día de los atentados de Al Qaeda en Estados Unidos), por todos los cancilleres del continente y el evento oficial para presentarla se hizo en Lima, simbólicamente, por el precedente del autogolpe de Alberto Fujimori en 1992.

Si bien este documento expresa, explícitamente, el principio de no intervención, también dice, sin precisar, que en caso de gestiones diplomáticas infructuosas se “adoptaran las medidas necesarias” (Articulo 20). ¿Y cuáles son las “medidas necesarias”? A nadie se le ocurrió determinarlas.

En África, la organización en donde todas sus naciones están representadas se llama Unión Africana (UA) y tiene como función tomar decisiones importantes que ocurran a nivel del continente con más dictaduras en el mundo.

Aunque la Unión Africana tiene la potestad de intervenir en conflictos del continente no fue esta organización, sino un sub-bloque comercial llamado Comunidad Económica de Estados de África Occidental, el que decidió ejecutar una intervención militar en Gambia, en enero de este año, para derrocar a la dictadura de 22 años del islamista Yahiya Jamme, quien no reconoció la victoria del opositor Adama Barrow en elecciones de diciembre de 2016 que le robó con fraude.

Esto equivaldría a que “Mercosur” o “La Comunidad Andina”, es decir, un bloque económico sin objetivos políticos declarados, se apreste a detener la represión y violación constitucional en un país miembro.

Así las cosas, en enero de 2017, tropas de Senegal, Nigeria, Ghana y Mali invadieron Gambia y obligaron al régimen a dejar al poder para que el presidente electo – juramentado en Senegal –pudiera ejercer sus funciones.

¿Cómo la OEA, con la Carta Interamericana, no defiende con todas las opciones, incluida la militar, a regímenes que perpetran masacres como los que está ejecutando dictadura chavista en Venezuela? ¿Cómo es que ningún organismo americano carece de instrumentos para activar algún tipo de intervención hemisférica, mientras una organización comercial africana sí lo hace en su continente?

Ante una situación de tragedia humanitaria por escasez, violencia contra población civil, y condiciones límite de supervivencia como la que sobreviven los venezolanos el principio de “no injerencia”, tan cacareado por gobiernos de la OEA que se conforman con discursos condenando a la dictadura chavista, no es un principio de respeto a la soberanía, sino, una justificación a la indiferencia.

Se equivocaron quienes redactaron en la Carta Interamericana de la OEA que cuando en nombre de la defensa de la democracia en América Latina prohibieron la intervención para salvar vidas y esta organización debería emular la forma como la Unión Africana ha asumido el dilema entre el derecho a la soberanía vs. el resguardar la vida, seguridad y derechos de libertad de poblaciones víctimas de dictadores o de grupos violentos en estados fallidos.

En 2002 la Unión Africana adicionó al principio de no injerencia establecido en la carta fundacional de su organismo un nuevo principio: el de intervención humanitaria en lo que han llamado “la responsabilidad de proteger” a poblaciones víctimas de la violencia, el terror o cualquier tipo de situación que atente contra su supervivencia.

El principio de la responsabilidad de proteger nace de la noción de que países africanos están obligados a intervenir cuando estados soberanos no protegen a sus propios ciudadanos o bien por ser dictaduras violentas o por ser estados fallidos, con sistemas de gobierno disfuncionales. A partir de este principio tropas africanas entraron a Burundi en 2003; a Sudán, en la zona de Darfur, en 2006, por el genocidio de su régimen islamista contra cristianos; a Somalia en 2007 hasta hoy, en donde soldados de varias naciones africanas protegen a su endeble gobierno de terroristas, señores de la guerra, etc).

Es hora de que América Latina adopte el principio de responsabilidad de proteger para impedir las neo-dictaduras electas democráticamente que luego se perpetúan en el poder y se convierten en regímenes tiranos.

Lo contrario al principio de no injerencia o intervención es indiferencia justificada por estatutos desfasados que provocan derramamiento de sangre y crisis humanitarias como los que hoy padece el pueblo venezolano.

CASUALMENTE, HOY EL NEW YORK TIMES PUBLICA ESTE ARTÍCULO: VENEZUELA NECESITA INTERVENCIóN INTERNACIONAL
http://www.el-nacional.com/noticias/mundo/new-york-times-venezuela-necesita-una-intervencion-internacional_185701

En 1974 los periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, publicaron en el libro “Todos los hombres del presidente” en el cual se narra con detalle su investigación que condujo al descubrimiento del caso Watergate, en el cual, el presidente Richard Nixon dio luz verde a un grupo de personaje para entrar a buscar documentos de la campaña electoral de 1972 en una de las sedes del partido demócrata en el Hotel Watergate, en Washington. (Luego se hizo una versión cinematográfica de esa historia en 1976).

Dustin Hoffman, quien interpretó al periodista Carl Bernstein en el film Todos los Hombres del Presidente, y Bob Woodward junto a quien lo interpretó, Robert Redford.

El caso Watergate, como se le bautizó al escándalo de Nixon, por encubrimiento y perjurio durante la investigación, y que le hizo renunciar antes de un impeachment, está ahora acosando a algunos hombres del presidente Trump involucrados, por ahora, en el escándalo de posibles vínculos con el régimen de Putin en el espionaje cibernético a favor de la campaña del magnate. (El Russiagate).

¿Le espera a Trump el mismo destino de Nixon?

El eslabón más delicado para Trump es el general Michael Flynn quien a un mes  de asumir el cargo de asesor de seguridad nacional del gobierno renunció al descubrirse que durante la campaña electoral sostuvo reuniones con el embajador ruso Sergei Kislyak. La ministra de justicia provisional de Trump (attorney general, como se denomina a ese puesto en Estados Unidos), Sally Yates, declaró ante el senado que Obama, ante ella, le advirtió a Trump que Flynn podía ser chantajeado por Rusia, y aun así, el flamante presidente hizo caso omiso a esa información hasta que se filtró a los medios.

Luego se supo que el nuevo Secretario de Justicia, Jeff Sessions, también se reunió con Kislyak, y en lugar de renunciar, anunció que se inhibiría de las investigaciones relacionadas con la supuesta interferencia rusa en la campaña 2016. (¡Sessions es quien recomendó a Trump, supuestamente, despedir al director del FBI James Comey!).
También el yerno de Trump, Jared Kushner, se reunió con el embajador de Rusia. Todos dicen que querían establecer contactos de comunicación con Putin en caso de ganar, pero según algunos medios se negociaba la suspensión de sanciones a Rusia por la invasión a Crimea.

Para agravar las sospechas, el diario The Washington Post reportó sobre un memorándum de Comey que revela que el presidente le pidió abandonar la investigación de Michael Flynn. Según Trump, Comey, a quien ratificó en el cargo en enero, no era el apropiado para liderar el FBI.

He aquí la gran pregunta: ¿es el embajador Kislyak un hombre del presidente? (De Putin ya sabemos que sí, pero, ¿del otro?).